Gerolamo Cardano, El libro de los sueños / Tienen con frecuencia sueños verdaderos las personas melancólicas, alejadas de los negocios públicos y morigeradas en las comidas; y los tienen raras veces los que son lo contrario. Hay quienes tienen sueños limpidísimos e ídolos y quienes los tienen oscuros y necesitados de interpretación elaborada. Estos últimos se dedican al estudio de la sabiduría ...
Es necesario considerar atentamente la naturaleza del soñador. Algunos, en efecto, tienen con frecuencia sueños vanos, por ejemplo, los mentirosos, porque están habituados a ver y oír lo que concuerda con sus pensamientos, sea falso o verdadero. Por eso, a los que dicen la verdad se les presentan sueños más veraces. En segundo lugar, hay personas a las que todos los sueños tienden a indicar eventos precisos. Este fenómeno es aún más sorprendente cuando los sueños se refieren a cosas que no les ocurren a menudo a tales soñadores. Y así, para algunos comer uvas significa ganancias, a pesar de que han ganado poco en todo el año; para otros, verse azotados por un médico significará tomar una medicina. En tercer lugar, hay sueños que para unos individuos son faustos y para otros funestos, según la naturaleza de cada soñador.
En términos generales, las personas melancólicas tienen más sueños, los hombres abyectos tienen sueños vanos y los nobles verdaderos. Los linfáticos tienen sueños vanos, los biliosos verdaderos. Pero son sobre todo las personas estables y con temperamento equilibrado las que tienen sueños más veraces.
Además, para algunos los sueños sólo son verdaderos si presentan un determinado signo, para otros no lo son nunca. Es, pues, óptimo conocer sus causas, no sólo porque esto ayuda a comprenderlos mejor, sino también porque una vez conocidas las causas es posible comprender también un número mayor de sueños, pues mezclando causas diversas se tendrán siempre sueños diferentes.
En segundo lugar, se corre el riesgo de cambiar una cosa por otra (aunque esto acontece más raras veces) cuando el sueño te afecta profundamente y su objeto te es familiar y le profesas una gran estima. Aquellos cuyos espíritus están menos impedidos, son más fuertes y están más ejercitados, ven ídolos, mientras que los espíritus indolentes e inertes tienen sueños más sinuosos y las almas intermedias discurren por la vía del medio.
El hecho de que soñar con la lluvia sea para unos fausto y para otros infausto depende de lo siguiente: en primer lugar, los sueños que significan cambios son propicios para los desdichados y penosos para los felices. Todos los sueños que armonizan con el trabajo que desempeñamos, con nuestros deseos y nuestras costumbres, son un bien, y los contrarios un mal. Por tanto, para los buenos, servirse de las cosas de los otros significa pobreza, porque las personas honradas sólo se sirven de los bienes ajenos si se los prestan. En cambio, para los malvados significa ganancia, porque apenas tienen algo ya creen que es suyo.
Quienes hacen que los sucesos pasen rápidamente unos tras otros tienen una naturaleza mudable que no tolera dilaciones; pero tienden, en cambio, a demorarse en las cosas los que se ocupan de graves problemas en los que inevitablemente el final dista mucho del principio. De donde se sigue que el inicio acontecerá poco después del sueño, pero el desenlace estará muy distante en el tiempo. E incluso cuando el inicio está lejano, no lo está la causa o el cambio de las costumbres.
Además, dado que para algunos los sueños verdaderos presentan un signo, es necesario que sus reflexiones sobre ellos produzcan buenos resultados. Y del mismo modo que ponemos un signo en las acciones que deseamos llevar a cabo, otro tanto ocurre también en los sueños. La naturaleza es tan poderosa que hay quienes saben adivinar a menudo incluso frente a sueños casuales y en contra de toda esperanza. Ocurre así (como ya he dicho) gracias a la concentración, que se deriva o bien de las excelentes facultades del intérprete o bien del ejercicio.
Tienen con frecuencia sueños verdaderos las personas melancólicas, alejadas de los negocios públicos y morigeradas en las comidas; y los tienen raras veces los que son lo contrario. Hay quienes tienen sueños limpidísimos e ídolos y quienes los tienen oscuros y necesitados de interpretación elaborada. Estos últimos se dedican al estudio de la sabiduría. Hay quienes sueñan fácilmente, como las personas incultas y simples, y quienes tienen la facultad de ver ídolos; pero los ídolos se presentan cuando el acontecimiento guarda relación con el futuro inmediato y la visión no tiene obstáculos. Hay quienes, incluso en los sueños más importantes, creen tener visiones de poco fuste; son personas de espíritu agitado que ejecutan acciones poco incisivas; otros, en cambio, magnifican lo que han visto en el sueño, porque poseen un temperamento opuesto. Para algunos, la interpretación es casi lineal, para otros aparece invertida, de modo que el mal significa un bien y el bien un mal. Para unos las visiones se cumplen pronto, para otros tarde. Hay quienes tienen tantos sueños que su misma abundancia complica la interpretación, y otros que tienen pocos y sólo cuando es necesario. Hay quienes tienen sueños claros que la memoria retiene fácilmente y quienes los tienen oscuros y propensos al olvido. Hay quienes presagian sólo el cumplimiento del bien, otros sólo del mal y otros de ambas cosas; y entre estos últimos, algunos en igual medida, otros más los males que los bienes. Hay quienes tienen visiones singulares y que significan siempre algo singular. Y hay quienes tienen sueños siempre diferentes con significados que varían de continuo. Es sumamente difícil extraer predicciones de los sueños cuando el soñador es versátil, porque sus sueños son siempre diferentes, su significado cambia incesantemente y la predicción podría incluso verse invertida.
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