Frances A. Yates, La filosofía oculta en la época isabelina / Así, pues, el núcleo del aspecto ocultista del Renacimiento italiano lo constituye la Cábala cristiana, ya que, como dice Scholem cuando discute la relación de los principios cabalísticos con las ideas platónicas, esta corriente de misticismo judío indudablemente convenía al temperamento espiritual del circulo de Marsilio Ficino y Pico de la Mirandola ...
GIOVANNI PICO DELLA MIRANDOLA (1463-1494) formó parte del brillante círculo de la corte de los Médicis en Florencia, a la que también pertenecía otro famoso filósofo, Marsilio Ficino. Ambos fundaron y propagaron el movimiento conocido de manera general con el nombre de neoplatonismo renacentista, el cual fue estimulado por la divulgación de las obras de Platón y los neoplatónicos recientemente conocidas en Occidente a través de los manuscritos griegos que después de la caída de Constantinopla fueron llevados de Bizancio a Florencia. En realidad, el neoplatonismo renacentista fue una rica amalgama de doctrinas genuinamente platónicas con el neoplatonismo y con posteriores ocultismos filosóficos de la antigüedad. Entre los textos de este tipo que atrajeron la atención de Pico y de Ficino se destacaba el Corpus Hermeticum, supuestamente de “Hermes Trismegisto”, mítico sabio egipcio que según creían los florentinos representaba una antigua sabiduría predecesora e inspiradora del mismo Platón. Se creía que “Hermes Trismegisto” había sido más o menos contemporáneo de Moisés o anterior, por lo que consecuentemente los textos herméticos eran casi tan sagrados como el Génesis, cuyo supuesto autor fue Moisés mismo.
No fue difícil que en la atmósfera del neoplatonismo florentino de base hermética se asimilara la Cábala, considerada una antigua sabiduría tradicional descendiente de Moisés, y que en realidad contenía elementos gnósticos que los eruditos renacentistas podían asimilar al tipo hermético de gnosticismo.
Marsilio Ficino no empleó ni la Cábala ni el método cabalístico en su teología, filosofía o magia neoplatónicas. Pico fue el que introdujo la Cábala a la síntesis renacentista, y a] igual que Ramón Llull la aceptaba y apreciaba como cristiano, convencido de que las enseñanzas y textos hebreos podían ampliar la comprensión del cristianismo porque revelaban una corriente de misticismo judío de gran antigüedad y santidad. Más aún, Pico pensaba que la Cábala tenía la capacidad de confirmar las verdades del cristianismo, y esta creencia fue compartida por las numerosas escuelas de cabalistas cristianos que vinieron después de él y que siempre lo consideraron el fundador o el primer gran exponente de la Cábala cristiana.
Es interesante que Pico de la Mirandola haya reconocido y declarado que el llullismo es un método cabalístico, a pesar de que el místico catalán no empleó el hebreo en su Arte. Pico dice, cuando habla de la ars combinandi del cabalista judeo-español Abraham Abulafia, que es como el ars Raymundi, es decir, el Arte de Ramón Llull. Pico reconoce entonces a Llull como cabalista e indudablemente entendió que éste había usado su Arte para demostrar la verdad de la Trinidad. Pero Pico tenía un argumento todavía más poderoso, basado en las maniobras que los cabalistas hacían con letras y nombres, con el que creía poder demostrar que Jesús es el nombre del Mesías.
La concepción de la Cábala que tenía Pico de la Mirandola está contenida en sus setenta y dos Conclusiones cabalísticas, que según él “confirman la religión cristiana con las bases de la sabiduría hebrea”. Estas conclusiones cabalísticas son afirmaciones breves que a menudo se reducen a una sola frase, y forman parte de las novecientas tesis que Pico llevó a Roma en 1486, ofreciendo demostrar en un debate público que ninguna de ellas era contradictoria de otra. Otras conclusiones se referían a la magia y procedían de fuentes herméticas, o de textos platónicos y neoplatónicos, de himnos órficos, de oráculos caldeos y de muchas otras fuentes. Pero tal gran debate nunca tuvo lugar, aunque las novecientas tesis se publicaron. Las temerarias declaraciones de Pico, sin embargo, fueron motivo de fuerte desaprobación por parte de los medios ortodoxos, y en 1487 tuvo que publicar una apología de sus opiniones, en la que incluyó su Oración sobre la Dignidad del Hombre, con la cual habría debido iniciarse el debate propuesto.
Tal es, pues, la atmósfera de las Conclusiones Cabalísticas, que eran parte de las novecientas tesis con que Pico expuso la síntesis de todas sus ideas filosóficas, inspiradoras del discurso sobre la dignidad del hombre, famosa proclama o manifiesto del concepto renacentista del hombre y de su posición en el mundo.
Los estudiosos modernos han revelado el hecho de que el neoplatonismo renacentista tuvo un núcleo hermético o mágico, y de que la aceptación de la Cábala en la cultura de esa época también podía implicar una “Cábala práctica”, o sea una especie de magia. El mago del Renacimiento, cuya “dignidad” Pico describe en su Discurso, es una figura eminente y dotada del poder de actuar sobre el mundo. Muchos especialistas han discutido este aspecto de la “magia” y la “Cábala” renacentistas, pero lo que tal vez no ha sido todavía suficientemente subrayado ni entendido es que se trataba de un movimiento también de carácter religioso y que se consideraba compatible con el cristianismo. Lo que hizo posible interpretar así un sistema de pensamiento compuesto por tantos elementos heterogéneos fue, sobre todo, la Cábala cristiana.
Como se ha visto, los cabalistas hebreos creían que sus enseñanzas eran de origen mosaico, y que derivaban de una doctrina secreta trasmitida a través de los tiempos por los iniciados. Y como para Pico la Cábala era una confirmación de la verdad del cristianismo, la consideraba una fuente judeocristiana de una antigua sabiduría que no únicamente comprobaba esta verdad, sino también toda la antigua sabiduría de los gentiles que él tanto admiraba y especialmente las obras de “Hermes Trismegisto”. Así, pues, la Cábala cristiana es verdaderamente la piedra angular del edificio del pensamiento renacentista en su aspecto “oculto”, por medio del cual tiene importantísimas conexiones con la historia de la religión de esa época.
Lo que Pico expone en sus setenta y dos Conclusiones Cabalísticas es una versión simplificada de la Cábala española. Por sí mismo, este hecho bastaría para indicar que esta poderosa influencia recibida por los pensadores italianos procedía de los judíos de España, propagada a raíz de las persecuciones que dispersaron a los judíos españoles y que condujeron a su expulsión en 1492. Aunque las Conclusiones Cabalísticas de Pico fueron concebidas hacia 1486, o sea unos años antes de la expulsión de los judíos, es indudable que sus maestros fueron judíos españoles, entre ellos principalmente el misterioso personaje llamado Flavio Mitridates, quien proporcionó a Pico ciertos manuscritos cabalísticos. Seguramente Pico conocía bastante bien el hebreo, pero para la interpretación de tan difíciles documentos seguramente habrá tenido que recurrir a la ayuda de expertos judíos. Parece que Flavio Mitridates ayudó a Pico a dar una interpretación cristiana a la Cábala, hasta el grado que en los textos él mismo hizo anotaciones orientadas en sentido cristiano. Las razones que indujeron a Flavio a alentar y dirigir a Pico para que éste diera el trascendental paso de incorporar la Cábala al cristianismo, según él la entendía, están envueltas en el misterio y tendrán que ser investigadas con mayor profundidad por los hebraístas.
Entre las Conclusiones Cabalísticas importantes en las que Pico afirma su convicción de que la Cábala confirma la fe cristiana se encuentra la séptima, que dice lo siguiente:
"Ningún cabalista hebreo puede negar que el nombre de IESU, interpretado según los principios cabalísticos, significa Hijo de Dios."
Pero donde Pico expone con mayor claridad su argumento de que la Cábala confirma la verdad del cristianismo es en la decimocuarta Conclusión Cabalística, donde en pocas palabras afirma que el nombre de “Jesús” es el Tetragramatón, o sea el nombre inefable de Yahveh, nombre de Dios de cuatro letras hebreas pero con una sin (S) intercalada en el centro. Esto significaría, como explicarán posteriormente otros cabalistas cristianos (y principalmente Reuchlin en su De verbo mirifico), que la S del Nombre de Jesús hace audible el Nombre inefable (compuesto únicamente por vocales) y quiere decir la Encarnación, o sea el Verbo hecho carne, la palabra audible. Este argumento, que para nosotros es sumamente extraño, no era nuevo: tenía detrás una tradición patrística y medieval y se encuentra en las obras de San Jerónimo y de Nicolás Cusano. Pero Pico le dio tan grande importancia en sus Conclusiones Cabalísticas, que desde entonces ocupó con firmeza un lugar prominente en toda la tradición cabalística cristiana posterior derivada de él. Apoyado en complicadas operaciones realizadas con las letras del alfabeto hebreo, el argumento en cuestión adquirió un notable poder de convencimiento entre la gente versada en tales estudios, y con él fueron convertidos muchos judíos. De esto seguía la consecuencia de que como la Cábala confirmaba la verdad de la fe cristiana, para Pico y sus discípulos fue evidente que los cristianos podían y debían adoptar los métodos y técnicas cabalísticas de meditación religiosa. Así se abrió el camino para la aceptación, por parte de los cristianos, de la filosofía cabalística oculta.
Según explica en su Apología publicada en 1487, Pico divide la Cábala en dos ramas principales (como los cabalistas españoles). Una es la ars combinandi, arte de combinar las letras hebreas que Pico juzgó bastante semejante al Arte de Ramón Llull; la otra es “un modo de capturar la potencia de las cosas superiores”, o sea los poderes de los espíritus y de los ángeles. Con gran cautela Pico advierte que esta especie de Cábala es buena y santa porque se ocupa de los ángeles y de potencias buenas y santas, y que no tiene nada que ver con las malas prácticas empleadas para atraer demonios y diablos. Si el místico Cabalista no es santo y puro, puede correr graves peligros espirituales. Esta advertencia y este temor están siempre presentes en los cabalistas cristianos, que bien sabían que al tratar de ascender a las alturas es fácil caer en el abismo.
Básicamente, Pico es un místico atraído profundamente por la esperanza que representa la comunicación con Dios y los espíritus buenos por medio de la Cábala. En su undécima Conclusión Cabalística describe un trance en el que el alma se separa del cuerpo y se comunica con Dios por medio de los arcángeles. Estas operaciones de Cábala pura se efectúan en la parte intelectual del alma, y pueden ser tan intensas que produzcan la muerte del cuerpo (“este beso de la muerte”).
Pico imagina una ascensión mística por las esferas del universo, hasta llegar a una Nada mística que está más allá de ellas. En la cuadragésima octava Conclusión Cabalística expone el orden de los Sefirot de la Cábala en su relación con las esferas del cosmos. Da una lista de los nombres de los diez Sefirot, de “Kether” a “Malkuth”, y frente a ésta está la de las diez esferas del universo, del primum mobile a los siete planetas y a los elementos. Este sistema cósmico-teosófico es la escalera por la cual la meditación mística conduce al adepto a unas profundas intuiciones de la naturaleza de Dios y del universo. El elemento mágico que contiene deriva de la potencia de los divinos nombres, con los que están asociados los nombres de los ángeles. Pico no da los nombres de éstos con los Sefirof, pero en otras Conclusiones Cabalísticas habla de invocar a Rafael, Gabriel y Miguel. Esta invocación o llamado a los ángeles es una parte intrínseca del sistema, difícil de definir porque se halla en el límite de la contemplación religiosa y la magia.
Este deficiente esbozo bastará para indicarnos que en realidad Pico sabía algo sobre la Cábala, cristianizada por su convencimiento de que demostraba que Jesús es el nombre del Mesías.
Pico absorbió el neoplatonismo ficiniano y el núcleo hermético de éste para incorporarlo en la visión armónica de todas las religiones y filosofías. Llegó aún a identificar la Cábala con la magia hermética, pues afirma que sin la Cábala ninguna operación mágica tiene valor. Mediante esta limitación Pico pretende tanto reforzar la magia de Ficino como eludir todo peligro por la protección de las fuerzas divinas contra cualquier influencia diabólica.
Así, pues, el núcleo del aspecto ocultista del Renacimiento italiano lo constituye la Cábala cristiana, ya que, como dice Scholem cuando discute la relación de los principios cabalísticos con las ideas platónicas, esta corriente de misticismo judío indudablemente convenía al temperamento espiritual del circulo de Marsilio Ficino y Pico de la Mirandola.
La forma de la Cábala que influyó sobre Pico y que éste incorporó al Renacimiento italiano en una versión cristianizada fue la que los judíos habían desarrollado en España antes de la expulsión. Scholem demostró que a raíz de dicha expulsión surgió un nuevo tipo de Cábala, que concentraba una profunda atención en las esperanzas mesiánicas y que empleaba una técnica espiritual más específicamente dirigida en ese sentido que la forma cultivada por los cabalistas españoles. Este nuevo tipo recibe el nombre de Cábala luriánica, por el nombre de su fundador Isaac Luria, y se desarrolló con intensidad creciente durante el curso del siglo XVI y principios del XVII, para culminar con la figura mesiánica de Sabbatai Sevi. Fracasado éste en 1665, la Cábala tomó otras formas.
Naturalmente, el movimiento cabalístico cristiano fundado por Pico fue claramente distinto de la Cábala judía que se estaba desarrollando intensamente por su parte durante los mismos años en que la Cábala cristiana ejerció su influencia. No obstante, ambas tenían algunos puntos de contacto, en especial cuando los cabalistas cristianos trataban de convertir a los judíos, caso muy frecuente, ya que en realidad la conversión era uno de los principales objetivos de la Cábala cristiana (como había sido también del llullismo).
Es muy probable que la influencia de la Cábala cristiana sea muy importante en la historia de la religión porque en verdad tuvo un intenso lazo intrínseco con la tradición judeocristiana y fue un intento por parte de los cristianos de recurrir a las fuentes de poder espiritual recién descubiertas al revelárseles la Cábala.
Además (y éste es un aspecto del asunto que parece no haber sido subrayado suficientemente), al introducir Pico la Cábala cristiana, un movimiento judío contemporáneo y moderno comenzó a influir sobre el desarrollo de la mente y el alma europeas. Esta circunstancia, sin duda alguna, era algo nuevo, una importante herencia de la Edad Media.
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