Maurice Merleau-Ponty, Filosofía y lenguaje / Puede decirse, no obstante, que la dialéctica es pensamiento "subjetivo" en el sentido que Kierkegaard o Heidegger han dado a esta palabra: no hace descansar al ser en sí mismo; lo hace aparecer ante alguien, como respuesta a una interrogación ...
La investigación sólo reivindicaba para la filosofía el derecho de pensar en su pasado, de rencontrarse en él. Un ejercicio legítimo en su lugar, junto a la historia de la filosofía, aún y sobre todo si se limita a lo que las filosofías del pasado pudieron querer decir, habida cuenta de su contexto histórico, de su ordenamiento internno y de sus problemas confesados.
El pensamiento dialéctico ha sido definido:
1. Como pensamiento de los contradictorios. Vale decir que no admite entre éstos la conciliación relativista ni esa identidad por equivoco a que echa mano la "mala dialéctica”. Si cada uno de los opuestos no es más que la ausencia o la imposibilidad del otro, ambos se invocan justamente mientras se excluyen, y de este modo se suceden continuamente ante el pensamiento, sin que nunca puedan ser formulados. Sólo hay contradicción efectiva si la relación de lo positivo y lo negativo no es la alternativa, sólo si el no de la negación es capaz de ejercer su función contra sí mismo en carácter de negación abstracta o inmediata, y de fundamentar la contradicción al fundamentar su superación. La noción hcgeliana de negación de la negación no es una solución desesperada, un artificio verbal para salir de apuros. Es la fórmula de toda contradicción actuante; al dejaría a un lado se abandonaría el pensamiento dialéctico mismo, como fecundidad de la contradicción.
La idea de un trabajo de lo negativo, de una negación que no se agota en la exclusión de lo positivo o en la promoción frente a éste de un término que lo anula, sino que lo reconstruye más allá de sus limitaciones, que lo destruye y lo salva, no es un perfeccionamiento tardío ni una esclerosis del pensamiento dialéctico: es un resorte primordial (no nos liemos asombrado, pues, de hallarla indicada por Platón, cuando llama el “mismo" "al otro como al otro"). La hemos aproximado a la moderna noción de trascendencia, es decir, a un ser que por principio está a distancia, para quien la distancia es un nexo y con el cual no podría haber coincidencia. Aquí y allá la relación de sí consigo pasa por el exterior, la mediación es exigida por lo inmediato, o bien hay mediación por sí.
2. Como pensamiento “subjetivo" El pensamiento dialéctico se desarrolló antes que la filosofía reflexiva, y en un sentido es su adversario, puesto que concibe su propio comienzo como un problema, mientras que la filosofía reflexiva reduce lo reflexionado, como simple ausencia, al sentido que la reflexión descubre posteriormente en el. Puede decirse, no obstante, que la dialéctica es pensamiento "subjetivo" en el sentido que Kierkegaard o Heidegger han dado a esta palabra: no hace descansar al ser en sí mismo; lo hace aparecer ante alguien, como respuesta a una interrogación. No se trata tan sólo, como ha solido decirse, de "relativizar el sujeto y el objeto”: como todo pensamiento “relativista”, éste se limitaría a adecuar la vida común de los opuestos, llevando la contradicción a una diferencia de relaciones. Pero no basta con decir vagamente que el objeto es subjetividad dentro de cierta relación y que la subjetividad es objeto dentro de otra relación. La subjetividad, en lo más negativo que tiene, necesita de un mundo, y el ser, en lo más positivo que tiene, necesita de un no-ser para circunscribirlo y determinarlo. Por tanto, el pensamiento dialéctico invita a una revisión de las nociones ordinarias de sujeto y objeto.
3. Como pensamiento circular. Puesto que no quiere sacrificar lo reflexionado a la reflexión, ni esta a aquel, el pensamiento dialéctico se presenta ante si mismo como desarrollo -al mismo tiempo que como destrucción- de lo que era ante de él, y del mismo modo sus conclusiones conservarán en sí mismas todo el progreso que condujo a ellas. La conclusión solo es, a decir verdad, la integración de los anteriores pasos Por consiguiente, el dialéctico es siempre un "principiante". Quiere decir que la circularidad del pensamiento dialéctico no es la de un pensamiento que ya está de vuelta y no encuentra nada nuevo en que pensar: al contrario, la verdad dejaría de ser verdad en acto si se separase de su devenir, o lo olvidara, o lo pusiera verdaderamente en el pasado: para la dialéctica, siempre todo tiene que pensarse de nuevo. No por azar pues, el siglo XIX “aplicó” la dialéctica a la historia en este terreno la dialéctica no hace mas que ser ella misma. Para ella es fundamental realizarse sólo de manera paulatina, caminar y jamas expresarse, como dirá Hegel, “en una sola proposición”. Ya en el caso de Platón, como lo muestra el famoso “parricidio” del Parménides, la génesis o filiación histórica es puesta entre el número de las negaciones que interiorizan y conservan, y es concebida como un caso eminente de relación dialéctica. En fin -y aunque también en este caso la fórmula sólo hava sido dada por Hegel-, la dialéctica es desde siempre una experiencia del pensamiento, es decir, un encaminamiento en cuyo trascurso aprende, aunque lo que aprende ya este allí, "en sí", antes de ella, y ella no sea más que su paso al ser para si.
Asi comprendido, el pensamiento dialéctico es un equilibrio dífícil. Como pensamiento negativo, conlleva un elemento de trascendencia, no puede limitarse a las relaciones de lo múltiple y se halla abierto, decía Platón. Pero, por lo demás, este más allá del ser, cuyo sitio permanece indicado, no puede, como el Uno de la Primera Hipótesis del Parménides, ni ser pensado ni ser, y siempre aparece a través de la pluralidad de las participaciones. Hay, por tanto, un absoluto dialéctico, que sólo está allí para mantener en su lugar y en su relieve a lo múltiple, para oponerse a la absolutización de las relaciones. Y es "fluidificado" en éstas: es inmanente a la experincia. Posición inestable por definición y siempre amenazada, ya por el pensamiento positivista, ya por el pensamiento negativista.
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