Henry Corbin, Cuerpo espiritual y Tierra celesta / Como este "barro" es incorruptible, cohesionará el Agua que descenderá del mar de Sād (situado debajo del Trono), cuando se acerque el momento en que, mediante el segundo toque de la Trompeta, debe vibrar el sonido del gran Despertar. Éste es el cuerpo, ésta es la carne que adoptará el Espíritu el día de la gran Resurrección ...
Textos extraídos de la obra anteriormente citada (comentario de la Teosofía del Trono), págs. 175-176, 179-180, 186-187.
Mullā Sadrā Šīrāzī: Al igual que las formas dimensionales, las figuras y configuraciones plásticas las produce un sujeto activo en función de la aptitud de una materia dada y de la participación de su receptáculo, también puede ocurrir que sean el resultado de una instauración pura, producto de las representaciones del sujeto activo; tienen entonces por razón suficiente la actividad de éste, sin que sea necesaria la ayuda de un receptáculo, ni de su situs, ni siquiera de la aptitud de una materia previamente dada.
La existencia de las Esferas celestes y de los astros depende de esta categoría precisamente, puesto que su existencia se manifiesta a través de los actos de contemplación y las representaciones de los Principios arcangélicos; es el resultado de sus "dimensiones" activas, así como del conocimiento divino del orden más perfecto, sin que sea necesario ningún receptáculo ni aptitud de una materia preexistente. Ahora bien, de esta categoría depende asimismo la producción de las Formas imaginales autónomas, que subsisten sin sustrato material y por la mera voluntad que emana de la consciencia imaginativa. Ésta, como sabes, es independiente de este mundo y de las formas materiales percibidas por los sentidos. No se puede decir ni que estas Formas imaginales subsistan a través del órgano del cerebro ni en la masa astral de las Esferas, como han creído algunos, ni siquiera en un universo de Formas imaginales que no sea la propia alma.
El šayj Ahmad Ahsā’ī: Al hablar así de las Formas imaginales, Mullā Sadrā pretende señalar que en el conjunto de las Formas que deben su existencia a la pura actividad de su agente, sin que haya que presuponer ningún receptáculo o aptitud de ninguna materia, hay que incluir las Formas imaginales, que las produce únicamente la voluntad, la intención y la inclinación de la consciencia imaginativa. No necesitan un sustrato material para subsistir, no están condicionadas ni por las causas materiales ni por cualquier otra receptividad. Las Formas imaginales subsisten gracias a la luz del poder imaginativo, pues como la Imaginación activa es a su vez una potencia psico-espiritual dependiente del mundo del Malakūt, todas las formas que desprende son de su misma clase; son formas independientes de las realidades externas sensibles.
El poder imaginativo es semejante a un espejo; basta con que se le ponga algo delante para que el espejo manifieste su forma. Si pertenece al mundo del Malakūt, se le revela directamente y, si pertenece al mundo visible material, es necesario primero que las facultades de percepción sensible liberen la Forma y la proyecten sobre el sensorium, que la transmite a la Imaginación. Cada uno traduce a su propio idioma lo que se le transmite, es decir, hace de ello algo de la misma naturaleza que su propia persona. Si se trata de algo que escapa a las percepciones sensibles, la Imaginación adopta su Forma sutil "celestial" (malakūtiyya), puede hacerlo guiándose por una palabra escuchada, o por un conocimiento adquirido previamente o a través de cualquier otro medio.
Yo añadiría por mi parte que las Formas imaginales no son simplemente creaciones de la Imaginación activa, sino que son una creación del creador de la Imaginación que, al crear algo, la sitúa de entrada en el sustrato que le corresponde. Si se trata de una luz, la sitúa en algo que tenga cierta opacidad, porque una luz no podría subsistir en algo como el Aire elemental, totalmente puro y diáfano. Si es una Forma, la sitúa en un receptáculo liso y pulido, como un espejo o un agua tranquila. Si luz y forma pertenecen a un mundo distinto al mundo material visible, los sitúa en su propio mundo, allí donde sea más conveniente. Ahora bien, las Formas imaginales no pertenecen en absoluto al mundo de los objetos visibles. Por esta razón aparecen en un espejo, que es de la misma naturaleza que su mundo. El propio Dios dice en su Libro: "Tanto si confiáis vuestras palabras en secreto como si las divulgáis públicamente, Dios conoce el fondo íntimo de los corazones. ¿Cómo quien ha creado no iba a conocer lo que ha creado?".
Las Formas imaginales pertenecen precisamente a lo que se guarda secretamente en los corazones, y sobre lo que Dios ha asegurado que si lo conoce es porque él mismo lo ha creado. Lo mismo dice también esta aleya: "No existe ninguna cosa cuyos Tesoros no existan en Nosotros; Nosotros no los hacemos descender más que en una proporción determinada". Las Formas imaginales son también una de las cosas que hace descender "Tesoros" en una proporción determinada, en un sustrato a su conveniencia. Mullā Sadrā afirma en efecto que no están "en un sustrato", es decir, un sustrato corporal. Lo dice así porque se imagina que todos los pensadores que sostienen que tienen un sustrato quieren decir que la Imaginación no subsiste más que en y por el cerebro. No obstante, no todos ellos quieren decir que las facultades psicoespirituales sean inmanentes al cuerpo; quieren decir que dependen de ellas, pero para gobernarlas.
Todo esto pone de relieve que las Formas imaginales pertenecen al mundo del Malakūt, como le pertenece el mismo poder imaginativo. Subsisten a través del espejo que constituye la consciencia imaginativa. Su "materia" es la Iluminación (Išrāq), que proyecta la forma misma de lo Imaginado; su "forma" es la configuración misma del espejo que constituye la Imaginación, espejo que supone grandeza, pureza, blancura, integridad, o bien sus contrarios. Ya hemos tenido ocasión de recordar anteriormente que en el segundo Cielo, que es el Cielo de Mercurio, tres Ángeles, Maymūn, Ša'mūn y Zaytūn, tienen la misión de provocar la epifanía de las formas imaginales; cada uno de estos Ángeles tiene a su servicio una multitud de Ángeles cuyo número sólo Dios conoce, tal como afirman los practicantes del arte teúrgico.
Es evidente que el creador y productor de las Formas imaginales es el propio Dios; no obstante, según la ley de su obra creativa que actúa a través de las causas intermedias, Dios ha constituido el poder imaginativo a la manera de un espejo, que desprende las Formas recibiendo a su vez una especie de huella ...
Mullā Sadrā Šīrāzī: El poder imaginativo en el hombre, quiero decir el grado o nivel imaginal de su yo espiritual, es una sustancia cuya existencia es independiente, en lo que a su esencia y a su obra se refiere, del cuerpo material, objeto de percepción sensible, y del habitáculo palpable. Como ya hemos recordado, perdura en el momento en que se destruye este molde corporal. Ni su desaparición ni su disolución influyen sobre su esencia ni sobre sus percepciones. En el momento de la muerte, el aturdimiento y las amarguras que ésta acarrea pueden afectarle, a causa de su inmersión en el cuerpo material. Post mortem, sigue teniendo sin embargo una representación de sí misma que es la de un ser humano con dimensiones y forma que corresponden a las que tenía durante su vida en este mundo, tal como puede imaginarse su propio cuerpo inerte y sepultado.
El šayj Ahmad Ahsā’ī: Esto es así porque el poder imaginativo es consustancial al alma. Para ella es un órgano comparable a lo que la mano es respecto al cuerpo. El alma no percibe las cosas sensibles más que a través de su órgano, ya que ella misma pertenece al mundo del Malakūt. La Imaginación mantiene pues respecto al alma la misma relación que el Alma del cielo de Venus con relación a las constelaciones (cielo de los Fijos, Zodíaco). "Independiente del cuerpo material", asegura Mullā Sadrā. Desearíamos reconsiderar ahora brevemente el conjunto de implicaciones que estas palabras suponen respecto a nuestras doctrinas. Ya hemos dicho que Zayd tiene dos ŷasād y dos ŷism. Desearíamos completar lo que hemos dicho ya, añadiendo, para terminar, las puntualizaciones siguientes.
El primer ŷasād (ŷasād A) debe quedar bien claro que es el cuerpo aparente, el cuerpo material de carne, compuesto por los cuatro Elementos de este mundo; los vegetales tienen uno también, peculiar. Después de la muerte se destruye progresivamente en su tumba y al disolverse cada una de las partes elementales que lo componían vuelve a su origen para confundirse y mezclarse en él; las partes terrenales vuelven a la Tierra para confundirse en ella; cada una de las partes fluidas, aéreas, ígneas, irán a integrarse con su Elemento respectivo.
El segundo ŷasād (ŷasād B) está oculto en el primero, también está compuesto por Elementos, no los de nuestro mundo, sino por los Elementos del mundo de Hūrqalyā, del que procede. Todas las secciones y articulaciones perduran "en la tumba", porque conserva tan bien su "aspecto" que todas las partes se mantienen perfectamente articuladas. Este cuerpo que conserva "en la tumba" su aspecto perfecto es el de esta "arcilla" imperecedera en la que pensaba el Imam Ŷa'far Sādiq cuando declaraba: "El barro del que se formó perdura en la tumba, con su aspecto perfecto". Con esto hay que interpretar que la perfección que persiste de este "aspecto" consiste en que las partes que componen la cabeza, correspondientes a la cabecera de la tumba, permanecen articuladas con los elementos del cuello, éstos a los del busto, éstos a su vez al vientre y éstos a las piernas, incluso si un monstruo marino o algún animal feroz ha devorado el cuerpo de carne material (ŷasād A), o si ha sufrido una mutilación y sus partes se han dispersado por lugares distintos, e incluso se han unido de forma inadecuada.
Cuando los elementos de este cuerpo invisible (ŷasād A) se han separado y liberado de la carne material compuesta por Elementos inferiores, la estructura de su conjunto permanece inmutable "en la tumba". Es más, mantienen esta estructura incluso si no hay enterramiento del cuerpo material en la tumba. Al hablar de este otro cuerpo, hay que considerar que la "tumba" (no es el cementerio) es el lugar original, la matriz de la que se extrajo el "barro" que el Ángel mezcló con el doble fluido emanado del padre y de la madre. Como este "barro" es incorruptible, cohesionará el Agua que descenderá del mar de Sād (situado debajo del Trono), cuando se acerque el momento en que, mediante el segundo toque de la Trompeta, debe vibrar el sonido del gran Despertar. Éste es el cuerpo, ésta es la carne que adoptará el Espíritu el día de la gran Resurrección.
Comentarios
Publicar un comentario