Henry Corbin, Cuerpo espiritual y Tierra celeste / Es cierto que la palabra aparece también con frecuencia en el lenguaje técnico de los alquimistas, para quienes designa la sustancia metálica, la de los siete metales: el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo, el estaño y el mercurio ....
Tomado del Kitāb Šarh al-Ziyārāt, Tabriz 1276 h., págs. 369-370.
... Resumiendo lo que nos enseñan los lexicógrafos, los filólogos y los especialistas de la exégesis coránica es que la "carne" (ŷasad) designa el cuerpo, el "volumen" (ŷism) del ser vivo, manifiesto y visible. Es cierto que la palabra aparece también con frecuencia en el lenguaje técnico de los alquimistas, para quienes designa la sustancia metálica, la de los siete metales: el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo, el estaño y el mercurio. Me parece probable que en su origen o acepción posterior en la lengua árabe, la palabra ŷasad se refiriera al cuerpo (ŷism) del ser vivo considerado cuando el espíritu (rūh) se encuentra ausente de él. Pero sin embargo se ha utilizado para otra cosa. De este modo el Qāmūs menciona su uso para designar el azafrán (ŷasad y ŷisād), e incluso para referirse a lo que es animado por el pneuma, el espíritu (rūh), así como cuando se habla del "cuerpo de Zayd".
No obstante, podríamos decir que en este último caso también se utiliza para designar lo que está animado por el espíritu, pero considerándolo como compuesto resultante de un organismo físico y de un espíritu; la palabra designaría entonces precisamente lo que es diferente del espíritu, sin aplicarse ni a éste ni al compuesto como tal. Tal vez en ese caso el uso de la palabra, tal como hacen los alquimistas, correspondería a esta categoría, bien porque los metales son distintos de los "espíritus", bien porque los alquimistas consideran que hay metales deficientes, como es el caso del plomo y del estaño, del hierro y del cobre -mientras que otros son intermedios, como es el caso de la plata y del mercurio-, pero también hay uno completo y acabado, que es el oro. Esta gradación se establece con relación al Elixir que los hace perfectos, como ocurre con los seis primeros, o los hace perfectivos para los demás, como ocurre con el oro. Los metales están pues representados como cuerpos inanimados sin el espíritu (o aŷsad), siendo el espíritu para ellos el Elixir.
Tal vez también si los astrónomos utilizan por el contrario la palabra ŷism (no ŷasad), es porque las Esferas celestes ofrecen un estado sutil comparable al de los Espíritus, o bien porque los astrónomos consideran su interdependencia eterna respecto a las Almas que los mueven, según la doctrina de los especialistas de la física celeste. Entre los musulmanes la terminología sigue este uso y sus escritos se refieren igualmente a las masas astrales (aŷrām) en tanto que tales, sin otra determinación.
En cuanto a la palabra ŷism, utilizada sin otra determinación, designa lo que tiene volumen, el volumen susceptible de dividirse de acuerdo con las tres dimensiones. Entonces: 1) O bien se trata del cuerpo indeterminado y simple, que no comporta, como se dice, ninguna composición. Unas veces lo designaremos como cuerpo (ŷism), considerándolo en sí mismo, en lo que constituye su sustancia. Otras veces lo designaremos como materia (hayūlā, hyle), considerándolo de acuerdo con su capacidad para recibir las formas de las especies. 2) O bien se tratará del cuerpo o sólido matemático (ŷism ta'līmī), es decir, aquel en el que se considera propiamente la dimensión como tal. Este nombre se debe a los Antiguos que enseñaban geometría sobre él a los niños, geometría que consta de líneas y superficies nada más. 3) O bien se tratará del cuerpo físico (tabī'ī), que se designa de este modo porque el debate se centra en el aspecto de la fisis.
En las tradiciones relativas a los santos Imames y las invocaciones que se les hacen, unas veces se habla de su ŷasad (sus cuerpos de carne) y otras veces se habla de su ŷism (su cuerpo sin más). Ambos términos se utilizan con frecuencia y a veces el segundo término (ŷism) sustituye al primero. Es cierto que ellos mismos, en sus charlas con sus fieles, seguían determinadas consideraciones que sólo ellos conocían en conjunto. De todos modos, quienes tienen algún conocimiento del léxico utilizado por los santos Imames consideran que la palabra aŷsād (plural de ŷasād, cuerpo material de carne) la utilizan como antítesis de los Espíritus, mientras que la palabra ŷism (cuerpo nada más, plural ajsam) tiene en su terminología un sigificado mucho más general. Otro tanto ocurre con el término de "figuras", "apariencias reales", "formas aparicionales" (ašbāh) que a veces aparece utilizado como equivalente de "cuerpo material", y el término "Espíritus" aparece como equivalente de "cuerpos" sin más (ajsam).
También debes saber que el ser humano posee dos ŷasād y dos ŷism. El primer ŷasād (el ŷasād A, es decir, el cuerpo de carne elemental terrenal) es el formado por Elementos que son víctimas del tiempo. Este ŷasād, esta carne, es como la túnica que un hombre se pone y que más tarde se quita; es un cuerpo que en sí mismo no tiene placer ni sufrimiento, no es objeto de fidelidad ni de rebelión.
¿No ves cómo Zayd, el Rebelde, por ejemplo, es devorado por la enfermedad?; desfallece hasta el punto de que ya no se espera encontrar en él un ratl de carne. Sin embargo, se trata efectivamente de Zayd, su identidad no ha cambiado. Reconoces espontáneamente y con certeza que se trata de Zayd el Rebelde, de quien no ha desaparecido ni un átomo de su rebeldía. Si lo que ha desaparecido en él como consecuencia de su deterioro hubiera sido capaz de arrastrar consigo la desaparición de su rebeldía, hubiera desaparecido prácticamente toda ella, ya que hubiera perdido entonces su soporte y su causa. Lo mismo ocurre con el caso del fiel Zayd. No habrá desaparecido ni un átomo de su fidelidad porque esta fidelidad no tiene nada que ver con lo que ha desaparecido en él, ni relción de causa-efecto, ni del resultado con su origen, ni siquiera una interdependencia cualquiera. Si lo que la enfermedad ha hecho desaparecer en Zayd hubiera formado parte realmente de Zayd, su desaparición hubiera supuesto asimismo la del bien y del mal inherentes a la persona de Zayd. Al contrario, si engorda Zayd sigue siendo el mismo Zayd; así como en el caso anterior no había disminuído, tampoco ahora aumentan su esencia y sus cualidades, ni su fidelidad ni su rebeldía.
Luego, este ŷasād, este cuerpo de carne formado por Elementos terrenales, no forma parte de Zayd. Es el homólogo de la opacidad que existe en el silicio y en la potasa. Cuando se funden dan lugar al vidrio. Este vidrio sigue siendo ese mismo silicio y esa misma potasa que eran completamente densos y opacos. Pero tras la fusión su opacidad ha desaparecido. Esto quiere decir que esta opacidad no pertenece a la tierra en sí misma. La tierra es en sí misma sutil y diáfana, su opacidad está producida por el choque de los Elementos. Cuando el agua es tranquila y es pura, ves todo lo que hay en el fondo, pero si la agitas ya no distingues nada,, mientras está en movimiento, a causa del choque entre sus partes y a causa del enrarecimiento del elemento aire. ¿Qué ocurre entonces cuando chocan las cuatro Naturalezas elementales? Este ŷasād, ese cuerpo de carne elemental terrenal, es como la densidad que vuelve opacos al silicio y a la potasa, sin formar parte de su esencia, de su ipseidad.
Otra comparación: el vestido, por ejemplo, es un conjunto de hilos tejidos. Los colores por su parte son accidentes que no forman parte del mismo, pues se puede teñir de un color u otro y puede perderlos después; lo que queda es ese vestido. Es probable que fuera esto lo que pretendía manifestar el I Imam, 'Alī, en su respuesta al árabe que le preguntaba sobre el alma animal sensible: "Cuando se separa", dijo, "el alma vuelve al lugar del que procede, igual que se disuelve una mezcla, y no de la manera en que se separan elementos autónomos yuxtapuestos. Su forma se deshace, la acción y el ser desaparecen de ella, de modo que la composición de la mezcla también queda anulada, ya que es evidente que la desaparición de la forma y del ser acarrean la desaparición de la propia composición".
En cuanto al segundo ŷasād (el ŷasād B, caro spiritualis, cuerpo formado por Elementos del mundo espiritual), es el cuerpo que sobrevive, ya que la "arcilla" de la que estaba formado sobrevive "en la tumba", cuando la Tierra ha devorado el cuerpo de carne elemental terrenal (el ŷasād A), y cada una de sus partes ha vuelto a su origen: las partes ígneas vuelven al Fuego, las partes aéreas vuelven al Aire, las partes acuosas vuelven al Agua, las partes terrenales vuelven a la Tierra, mientras que el "cuerpo de carne celeste" sobrevive conservando su "porte" perfecto, como dijo el Imam Ŷa'far Sādiq. Sin embargo, la respuesta que hace algunas líneas hemos escuchado que el I Imam daba a un árabe se refería precisamente al primer ŷasād, al cuerpo de carne elemental terreanl y corruptible. Pero el cuerpo de carne espiritual (el ŷasād B) es por el contrario al que se refieren las palabras del Imam Ŷa'far cuando declara que la "arcilla" con la que ha sido formado sobrevive "en la tumba", conservando intacto y perfecto su aspecto. Esta expresión quiere decir: conservando el aspecto que corresponde a su propio aspecto, es decir, que los elementos de la cabeza, del cuello, del pecho, etc. permanecen en su lugar. Veamos la interpretación simbólica de esta aleya (ta’wīl): "Ninguno de nosotros que no tenga un lugar determinado".
Este cuerpo (ŷasād B) es la realidad del ser humano que, sin aumento ni disminución, sobrevive "en la tumba" después de que el cuerpo elemental terrenal, es decir, la densidad opaca y los accidentes, se han separado de él para disolverse. Cuando estos accidentes, a cuyo conjunto se le denomina "cuerpo de carne elemental" (ŷasād 'unsurī, ŷasād A) se han separado del ser humano, los ojos de carne, los órganos de la percepción óptica, ya no lo ven. Cuando se ha descompuesto y aniquilado, ya no se encuentra nada, hasta tal punto que algunas personas aseguran que el ser humano ha sido aniquilado.
Pues no, no lo ha sido, pero, si decimos que hay un cuerpo que sobrevive "en la tumba", ese cuerpo sigue siendo invisible para los terrenales, para la gente de este mundo, a causa de la opcidad que oscurece sus ojos de carne y que les impide ver lo que no pertenece a la misma especie que ellos. Por esta razón el Imam Ŷa'far también compara este cuerpo invisible con los residuos de oro que quedan siempre en el crisol del orfebre. Los ojos tampoco pueden ver estos restos, pero el orfebre, después de lavarlos con agua y de purificar la tierra con la que estaban mezclados, los hace aparecer de nuevo.
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