Henry Corbin, Cuerpo espiritual y Tierra celeste / Porque el poder de gobernar los cuerpos se ha confiado a los Espíritus y porque a causa de lo heterogéneo de su esencia es imposible establecer una conexión directa entre los cuerpos y los espíritus, Dios creó el mundo de las Formas imaginales a modo de intermedio (barzaj) que actúa como nexo entre el mundo de los cuerpos y el mundo de los Espíritus ...


Tomado de Kalimāt maknūna (Palabras mantenidas en secreto), capítulo XX-XI, Bombay 1296 h., págs. 69-72; Teherán 1316 h., págs. 68-70. La obra está en árabe y en persa. 
Porque el poder de gobernar los cuerpos se ha confiado a los Espíritus y porque a causa de lo heterogéneo de su esencia es imposible establecer una conexión directa entre los cuerpos y los espíritus, Dios creó el mundo de las Formas imaginales a modo de intermedio (barzaj) que actúa como nexo entre el mundo de los cuerpos y el mundo de los Espíritus. A partir de ese momento queda garantizada la conexión y la articulación de cada uno de estos dos mundos entre . Se pueden concebir la emisión y la recepción del influjo de las entidades espirituales, y los Espíritus pueden ejercer su influencia sobre los cuerpos y acudir en su ayuda. 
Este mundo de las Formas imaginales es un universo espiritual. Por una parte se equipara con la sustancia material porque puede ser objeto de percepción, está dotado de dimensión y puede manifestarse en el tiempo y en el espacio. Por otra parte, se puede equiparar con la pura sustancia inteligible porque está constituido por pura luz y es independiente del espacio y del tiempo. No es pues ni un cuerpo material compuesto ni una pura sustancia inteligible totalmente separada de la materia. Hay que decir más bien que es un universo que ofrece una dualidad de dimensiones, a través de cada una de las cuales se simboliza con el universo al que corresponde. Ni en el mundo inteligible ni en el mundo sensible hay ningún ser que tenga su Forma imaginal radicada en este mundo intermedio. Este universo es en el macrocosmos el homólogo de la Imaginación activa en el microcosmos humano. Implica un aspecto cuya percepción está condicionada por las facultades que radican en el cerebro, y que se designa técnicamente como la imaginación "contigua" (al mundo del Malakūt, siendo no obstante inmanente al hombre). Pero supone también un aspecto que no está sometido a esta condición y que se designa como Imaginación separada, autónoma (el mundus imaginalis absoluto, mundo del Malakūt). 
Las entidades espirituales toman cuerpo, se hacen corpóreas, a través de ese mundo y gracias a su cualidad característica, cuando se manifiestan en las formas epifánicas que son las Formas imaginales con las que se simbolizan. A esto es a lo que se refiere la aleya que cuenta que Gabriel "tomó cuerpo (se tipificó) ante Maryam bajo la forma de un ser humano de una belleza perfecta".
La misma historia aparece en la historia del Samaritano: "He visto lo que ellos no veían; he tomado un puñado de tierra donde ha pisado el Enviado", es decir, bajo los pies del arcángel Gabriel. Y la tradición también cuenta que el Profeta veía al arcángel Gabriel bajo la forma del adolescente Dahya al-Kalbī y escuchaba su discurso, leído bajo la forma de las palabras y las letras. 
Hacia ese mundo intermedio se elevan, en sus asunciones espirituales, los que se espiritualizan (los "pneumáticos") cuando se liberan de las formas físicas elementales y sus Espíritus adoptan su forma epifánica espiritual. En este mundo intermedio es donde las Almas perfectas adoptan las formas de las apariciones bajo las que se perciben en un lugar distinto al que están en realidad, o bien, adoptando una forma distinta a como los sentidos las perciben durante su estancia terrenal. Eso mismo les puede ocurrir después de su marcha al otro mundo, ya que entonces la energía psico-espiritual sigue aumentando al haberse liberado del obstáculo del cuerpo. 
Luego los Espíritus toman cuerpo y los cuerpos se espiritualizan a través de ese mundo y en ese mundo de las Formas imaginales. En ese mundo y a través de ese mundo se personalizan las maneras de ser y los comportamientos morales, se manifiestan las realidades suprasensibles mediante formas y figuras a través de las que se simbolizan. Más aún, la aparición de las figuras en los espejos o en cualquier otra materia capaz de reflejar, un agua limpia por ejemplo, se lleva a cabo asimismo en ese mundo intermedio, ya que todas las figuras que reflejan los espejos pertenecen también a ese mundo. Es más, todas las formas y figuras inmanentes a nuestra Imaginación activa, tanto si se trata de un sueño como de un estado de vigilia, se ven en ese mundo intermedio, ya que estas formas y figuras son contiguas a ese mundus imaginalis; reciben su luz como si fueran lucernas y rejas a través de las cuales penetra el rayo de luz en una morada. 
Se trata pues de un mundo inmenso, tan sumamente espacioso que contiene, en lo que a sus Formas se refiere, tanto las sustancias inmateriales que están por encima de él como las realiddes materiales que están por debajo de él. Es el intermediario, el mediador a través del cual se realiza la conexión. Hacia él se elevan los sentidos y las percepciones sensibles, del mismo modo que hacia él descienden las realidades suprasensibles. Desde el lugar que ocupa no cesa de encauzar hacia él los frutos de todas las cosas. A través de él se ha confirmado la verdad de los relatos sobre la ascensión celestial del Profeta, que aseguran que tuvo la visión de los Ángeles y de los profetas a modo de testimonio ocular. En este mundo intermedio es donde se encuentran los santos Imames cuando se aparecen a un moribundo, tal como cuentan múltiples relatos tradicionales. En este mundo es donde tiene lugar el interrogatorio de la tumba, con sus delicias y sus tormentos. En este mundo intermedio es donde el fiel piadoso puede también visitar a sus seres queridos tras la muerte. De igual modo, este mundo intermedio es el que explica la posibilidad de las escenas a las que aluden ciertas tradiciones: los Espíritus se reconocen entre sí post mortem, del mismo modo que se reconocen entre sí los seres corporales, haciéndose preguntas unos a otros, y otras escenas similares. 
Parece pues que el "descenso de Jesús" (en el momento de la parusía del Imam oculto) forma parte de esta categoría de acontecimientos. 
Como dice el šayj Sadūq: "Este descenso de Jesús sobre la Tierra es su vuelta a este mundo después de su marcha de este mundo", porque el mismo Dios asegura: "Yo soy el que te recibe, el que te eleva hacia mí y te libera de quienes reniegan de ti ... hasta el día de la Resurrección". También nos lo aseguran esas tradiciones nuestras que se remontan a los santos Imames: "En el momento de la parusía del Mahdî (el "Guía") Dios hará volver a algunas personas que ya habían muerto, es decir, a algunos de los Iniciados y seguidores del Imam, sus "chiítas", fieles puros de fe pura, para que reciban con él el fruto de su triunfo y de su ayuda invencible, y saboreen la alegría de la epifanía de su reino. Dios hará volver asimismo a algunos de los enemigos del Imam, puros impíos de pura impiedad, para que se les acuse y reciban el castigo que han merecido ...". Todo eso hace referencia a la "vuelta" que acompaña a la parusía y a la que la fe de nuestros correligionarios imamíes concede tanta importancia. Éste es el sentido espiritual de algunas leyes referentes a la resurrección, cuando se interpretan de acuerdo con las enseñanzas de nuestros Imames.

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