Henry Corbin, Cuerpo espiritual y Tierra celeste / El que este oro se haya transformado ahora en Elixir es el símbolo y la prueba de que estaba oculto en el fondo esencial del estaño, porque su composición es el resultado de los dos principios bien conocidos. Entonces este Elixir separado del oro, este oro separado de la plata, esta plata separada del estaño, es el homólogo del cuerpo de resurrección en el Aion futuro ...


Extraido de la Epístola dirigida a Fath  Alī Šāh Qāŷār, Šāh de Persia (1797-1834), en Yawāmi al-kalim, Tabriz 1273 h., vol. I, I parte, V risāla, págs. 122-1243. 
Debes saber que lo que va al paraíso, es decir, al paraíso terrenal, es lo que recibe el Ángel de la muerte, y es la realidad esencial del hombre, el hombre en el sentido verdadero (insān haqīqī). La fuente y principio de su ser está efectivamente formada por cinco cosas: el intelecto, el alma, la naturaleza esencial, la materia prima, y la Forma imaginal. El intelecto está en el alma. El alma, con todo lo que implica, está en la naturaleza incorruptible. Los tres juntos constituyen la materia prima con lo que ésta implica a su vez. Cuando a esta última se le une la Forma imaginal, entonces surge el cuerpo original esencial, el cuerpo arquetipo (ŷism aslī, ŷism B), es decir, el cuerpo que está oculto en la envoltura material visi ble, en el cuerpo elemental (ŷasād A), formado por los cuatro Elementos sublunares: el Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra. 
Este cuerpo material elemental (ŷasād A, cuerpo de carne perecedera) es el que permanece en la tierra, y cuyo aspecto visible queda destruido. Es el cuerpo orgánico que sufre el fenómeno del crecimiento asimilando los elementos sutiles de los alimentos. Acabo de decir que su aspecto visible, su "exotérico", queda destruido en la tierra, y es porque en realidad su elemento oculto e invisible, su "esotérico", permanece; es el cuerpo espiritual (ŷasād B, caro spiritualis) que no está constituido por Elementos sublunares, sino por los cuatro Elementos del mundo de Hūrqalyā, que son setenta veces más nobles y preciosos que los Elementos del mundo terrenal. Éste es el cuerpo espiritual que descansa en la quietud a la que alude una aleya coránica. En efecto, cuando el fiel creyente ha rendido cuentas "en la tumba", horada un surco desde esta "tumba" hasta el paraíso que está en Occidente (Ŷābarsā) y a través de esta vía le llegan la quietud y la subsistencia. Se dice: "Para aquel que se cuenta entre los Cercanos, para el la quietud, subsistencia y estancia paradisíaca". El que recibe esa quietud es precisamente este cuerpo espiritual (ŷasād B), el cuerpo constituido por Elementos del mundo de Hūrqalyā, y que está oculto en el interior del cuerpo material elemental (ŷasād A), el cuerpo aparente y visible, que está formado por Elementos vulgares de este mundo. 
En cuanto al cuerpo que, en el momento del exitus, permanece con el Espíritu (el yo-espíritu); éste es el cuerpo esencial, el cuerpo en su verdadero sentido (ŷism haqīqī, ŷism B), que está compuesto por la materia prima y la Forma imaginal (miṯāl). Es el soporte de la naturaleza incorruptible, del alma y del intelecto. Es la realidad esencial del hombre, el hombre en su verdadera acepción. Este cuerpo esencial es de la misma clase que el cuerpo del universo: para el microcosmos es el homólogo de la Esfera suprema, la que establece y define las orientaciones espaciales. Su capacidad para sentir los placeres, de la comida, de la bebida, del tacto, del placer amoroso, es setenta veces superior a la capacidad que le corresponde al cuerpo elemental material39. Este cuerpo esencial, el yo-espíritu, no se separa nunca de él, y él a su vez no se separa nunca del Espíritu, lo hace tan sólo en el momento de la pausa cósmica que señala el intervalo entre los dos tañidos de la Trompeta de Serafiel.
Cuando Serafiel hace vibrar en la Trompeta el "toque fulgurante"41, que es el "soplo de la reabsorción universal", cada Espíritu se ve impulsado, reabsorbido por el de los "agujeros" de esta Trompeta, que es la matriz. Esta matriz está formada por seis "tesoros". Desde su entrada, el yo-espíritu encuentra en el primer tesoro su propia Imagen o forma imaginal; en el segundo tesoro encuentra su materia prima; en el tercero, su naturaleza incorruptible; en el cuarto está el alma; en el quinto, el pneuma; en el sexto, el intelecto. Cuando estos Tesoros están disociados, el yo-espíritu queda anulado, y anula su operatividad. Sólo así es posible decir que "se destruye" (es decir, hasta el segundo "toque" de la Trompeta de Serafiel). Pero no se produce ninguna unión que fusione las distintas partes integrantes, pues dicha mezcla es propia solamente del alma vegetal y del alma animal: del alma vegetal porque está constituida por elementos sublunares: el Fuego, el Aire, el Agua, la Tierra. Cuando estas partes elementales se disocian, "vuelven" a ser lo que eran, para mezclarse, no para yuxtaponerse cada una independientemente. Las partes ígneas vuelven al Fuego elemental, mezclándose y confundiéndose con él. Del mismo modo, cada una de las partes vuelve a aquello de donde procedía -el Aire, el Agua, la Tierra- para mezclarse y confundirse con ello. Lo mismo ocurre con el alma animal, que procede de los movimientos de las Esferas celestes. Cuando ésta se separa, vuelve al lugar de donde procedía, para mezclarse, no para yuxtaponerse, porque es tan sólo una suma de energías resultantes de las energías de las Esferas celestes y proporcional a sus movimientos ...
Luego estas dos almas, el alma vegetal y el alma vital, vuelven post mortem a su origen para fundirse con él. Sin embargo, esto no es cierto más que en su aspecto externo, su "exotérico" (zāhir), ya que el interior, lo "esotérico" (bātin) del alma vegetal, "perdura en la tumba"; esta parte esotérica son los Elementos de Hūrqalyā, y este cuerpo (ŷasād B) es el que reposa en "la quietud y la estancia paradisíaca". Lo esotérico del alma vital por su parte está constituido por las "naturalezas" de las Almas que mueven los Cielos de Hūrqalyā, y que alcanza el "paraíso terrenal", como ya hemos señalado anteriormente. 
En resumen, podemos decir lo siguiente: el Espíritu nunca se separa de su cuerpo original esencial (ŷism B); sólo se separa, es decir, "muere", durante el intervalo comprendido entre los dos tañidos de la Trompeta de Serafiel: el primero, que es el "tañido fulgurante" o hálito de la reabsorción universal, y el segundo, que es el hálito de la Resurrección. 
Ahora, a la pregunta planteada de si "¿el Espíritu solo se refiere al Espíritu con la Imagen arquetipo o forma imaginal, o con el cuerpo sutil?", debemos responder que: en el "paraíso terrenal" penetra el Espíritu (el yo-espíritu) con su cuerpo original esencial (ŷism aslī, ŷism B), porque en el Espíritu hay intelecto, el intelecto está en el alma, y ésta en la naturaleza incorruptible. La Materia prima es el soporte del cuerpo esencial, y la Imagen arquetipo o forma imaginal unida a ésta. Por este motivo la facultad de sentir y de gozar, como ya hemos dicho, es en este cuerpo esencial setenta veces superior a la del cuerpo material, y porque su goce es a la vez sensible y espiritual, es espiritual-sensible. Lo que perdura invisiblemente "en la tumba" (es decir, en Hūrqalyā), es el cuerpo espiritual (ŷasād B) constituido por Elementos de Hūrqalyā, mientras que el que está formado por los Cuatro Elementos ordinarios (ŷasād A, cuerpo de carne material), ése, se destruye.
Aquí tenemos numerosos símbolos para meditar, y vamos a citar algunos de ellos. Veamos por ejemplo el vidrio, que procede del silicio y la potasa; ambos, densos y opacos, son los homólogos del cuerpo material elemental (ŷasād A, cuerpo de carne perecedera) que todo el mundo conoce. Se les somete a fusión y las impurezas y opacidades desaparecen, de modo que el vidrio se vuelve diáfano: el exterior es visible a través del interior, el interior se trasluce a través del exterior. En ese momento es análogo al cuerpo espiritual (ŷasād B, caro spiritualis), el que perdura "en la tumba", es decir, en Hūrqalyā, y el que recibe "quietud y estancia paradisíaca", mientras que la densidad opaca, la del silicio y la potasa, era similar al cuerpo elemental material (ŷasād A). Medita sobre cómo, del silicio y la potasa, densos y opacos, procede un cuerpo en estado diáfano y sutil. Éste sigue siendo la misma sustancia mineral, y sin embargo es algo distinto. 
Ahora, si se lleva de nuevo este vidrio al punto de fusión, si se proyecta sobre él el material adecuado para amalgamarse con la masa, se transformará en cristal. Si sobre este cristal se proyecta la "droga de los filósofos", que es el Elixir de blancura, se transformará entonces en un cristal que resplandece al sol (el "vidrio de lentilla") porque convergen en él los rayos solares que llegan a su superficie. Entonces sigue siendo vidrio, y sin embargo es algo distinto al vidrio, aunque siga siendo vidrio, pero un vidrio al que le ha ocurrido algo que lo ha purificado tan completamente que ahora pertenece a un nivel superior al primero. Este cristal incandescente es similar al cuerpo astral (ŷism A) que acompaña al espíritu en el momento del exitus, cuando éste sale de su cuerpo material elemental: el cuerpo con el que el Espíritu entra en el paraíso de Occidente, el paraíso de Adán. Pues bien, si a su vez se somete a este cristal resplandeciente a la fusión, si se proyecta sobre él el Elixir blanco, entonces se transforma en diamante (almas). Sigue siendo cristal, y sin embargo ya no lo es, es algo distinto, tan depurado sin embargo que es lo mismo, pero pasado por todos los procesos citados. 
Era una sustancia mineral, densa y opaca; después de someterse a la fusión se ha transformado en un vidrio transparente, y después se ha convertido en cristal. Cuando se ha sometido a este cristal a una primera fusión y a la proyección del Elixir blanco, se ha transformado en cristal resplandeciente. La segunda vez que ha llegado al punto de fusión y se ha proyectado sobre él el Elixir, se ha convertido en diamante. Si se le coloca sobre el yunque y se le golpea con el martillo, se deformará ante el yunque y el martillo, pero no se romperá. Si lo golpeamos con un trozo de plomo se romperá en pedazos, que tendrán forma de cubo, y si golpeamos a su vez cada cubo con el plomo, éste volverá a romperse en fragmentos cúbicos. Ésta es la verdadera prueba de que es un auténtico diamante. El hecho de que ahora sea un diamante indica también que el diamante estaba oculto en el fondo esencial de la sustancia mineral, porque de hecho su composición es el resultado de dos principios muy conocidos, el mercurio y el azufre, tal como establece la física. Y este diamante liberado del cristal, este cristal liberado del vidrio, este vidrio liberado de la opacidad mineral, es similar al "cuerpo de resurrección" del creyente fiel en el paraíso del Aion futuro (es decir, el ŷism B, cuerpo arquetipo esencial, corpus supracaeleste, "cuerpo de diamante").
Otro símbolo: el estaño. Comienza por ser análogo al cuerpo elemental de carne (ŷasād A), al que conocemos en nuestro mundo terrenal. Cuando se proyecta sobre él el Elixir blanco, se transforma en plata pura, y entonces es análoga al cuerpo espiritual sutil (ŷasād B, caro spiritualis), el que perdura de forma invisible en Hūrqalyā. Pero cuando se proyecta sobre él el Elixir rojo, se transforma en oro puro, y es análogo al cuerpo astral (ŷism A, que se origina en los Cielos de Hūrqalyā), el que sale del cuerpo elemental de carne (ŷasād A) acompañando al Espíritu en su exitus, es decir, el cuerpo sutil que post mortem va al paraíso de Adán y disfruta de todas sus delicias. Si se proyecta por segunda vez el Elixir rojo, este mismo oro se transforma en Elixir, y es homólogo del cuerpo original esencial (ŷism B, corpus supracaeleste), el que entra en el paraíso del Aion futuro. El que este oro se haya transformado ahora en Elixir es el símbolo y la prueba de que estaba oculto en el fondo esencial del estaño, porque su composición es el resultado de los dos principios bien conocidos. Entonces este Elixir separado del oro, este oro separado de la plata, esta plata separada del estaño, es el homólogo del cuerpo de resurrección en el Aion futuro. Aún hay muchos otros símbolos que conocen perfectamente los que tienen visión interior …

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