Walter Burkert, Cultos mistéricos antiguos / La propagación de las llamadas religiones orientales mistéricas tuvo lugar en primer lugar en la forma de religión votiva, donde los misterios formaban en ocasiones sólo un apéndice al movimiento general ...


Los misterios son una forma de religión personal que depende de una decisión privada y aspira a alguna forma de salvación por la aproximación a lo divino. Este descubrimiento con frecuencia ha movido a los investigadores a buscar una dimensión espiritual más profunda, «verdaderamente religiosa», y no se puede decir que estén totalmente equivocados. Sin embargo, existe el peligro de que la búsqueda del más allá signifique pasar por alto lo que es más próximo y más obvio. Existe otra forma de religión personal —elemental, muy extendida y bastante prosaica— que constituye el trasfondo para la práctica de los misterios: es la práctica de los votos, «religión votiva», como se ha llamado. «Los que están enfermos, o en peligro, o en cualquier tipo de necesidad, y, a la inversa, aquellos que alcanzan cualquier clase de beneficio», tales individuos hacen promesas a los dioses y habitualmente las cumplen ofreciendo donaciones más o menos valiosas. Este fenómeno es tan común que rara vez se estudia en profundidad. La práctica ha durado mucho más que el mundo antiguo; efectivamente, ha sobrevivido hasta la actualidad incluso en el cristianismo, allí donde la expurgación protestante o racionalista no logró suprimirla. 
En el estudio de la Antigüedad precristiana, todo arqueólogo e historiador de las religiones está familiarizado con el conjunto de objetos votivos que habitualmente identifican a un santuario, sea oriental, minoico-micénico, griego, etrusco, romano o perteneciente a los «bárbaros» más alejados. Miles de objetos pueden encontrarse en ese escenario, aunque muchos, desconocidos, hechos de material perecedero, deben de haber desaparecido. Estos objetos representan el aspecto humilde de la religión; sabemos que debían ser eliminados de vez en cuando para limpiar el recinto sagrado de basura. Sin embargo, cada uno de esos objetos, grande o pequeño, atestigua una historia personal, una historia de inquietud, esperanza, oración y cumplimiento, un acto de religión personal. Para la clase dominante el riesgo mayor era la guerra; se hacían por lo tanto votos espectaculares para tratar de controlarla, como muestran algunos de los monumentos artísticos más celebrados de los santuarios griegos, o casi todos los templos de Roma. Para el hombre o la mujer medios estaban las incertidumbres del trabajo o el comercio, especialmente los peligros del viaje por mar, los riesgos incalculables del nacimiento y la crianza de los hijos, y los recurrentes sufrimientos de la enfermedad individual. Los viajes por mar y la curación de la enfermedad eran ocasiones preeminentes para establecer ofrendas votivas privadas en casi cada santuario del mundo antiguo. 
La práctica de los votos puede ser considerada una estrategia humana fundamental para hacer frente al futuro. Hace que el tiempo sea manejable mediante contrato. De la depresión paralizante, el hombre puede levantarse para imprimir la estructura del «si-entonces» sobre las incertidumbres del futuro. Si tiene lugar la salvación de la preocupación y la aflicción presente, si el éxito o el beneficio esperado se logra, entonces tendrá lugar una renuncia especial y circunscrita, una pérdida finita por el interés de una ganancia mayor. Existe una tendencia natural hacia la perpetuación; cuando se establece la ofrenda votiva, el adorador reza pidiendo una ayuda posterior: «Que te agrade y dame la ocasión para hacer otra»: da ut dem. 
La intensidad del sentimiento religioso que implica esta práctica no debe ser subestimada. Está la experiencia atormentadora de la enfermedad, la búsqueda de alguna escapatoria o ayuda, la decisión de la fe; en no pocas ocasiones, las inscripciones votivas se refieren a la intervención sobrenatural en la decisión tomada, sueños, visiones, o mandamiento divino; y después de todo, está la experiencia del éxito. Los escépticos pueden señalar las estadísticas; como dijo el ateo Diágoras en Samotracia mirando todas las ofrendas votivas de los marineros salvados por los Grandes Dioses, éstas habrían sido mucho más numerosas si todos los que se habían ahogado en el mar hubieran tenido también la posibilidad de hacer ofrendas. Pero el mundo pertenece a los que han sobrevivido, y en cada caso individual hay un sentimiento de aplastante certeza: los dioses me han ayudado. En realidad, la religión votiva suministró ayuda haciendo crecer la esperanza, mediante la socialización de las inquietudes y los sufrimientos: el individuo es animado a intentarlo una vez más, y se encuentra apoyado y reconfortado por los sacerdotes y los otros adoradores. El voto se hace en público, y el cumplimiento es manifiestamente público, con muchos otros que se benefician de la inversión, artesanos, tenderos, y todos aquellos que participan en los banquetes sacrificiales. 
Lo que está implícito en la decisión es un acto de fe, pistis; esto es especialmente cierto en caso de enfermedad. La curación por la fe se toma hoy mucho más en serio de lo que solía hacerse hace unas décadas. Los objetos votivos, aunque humildes, son documentos de la fe personal en un dios específico, que a cambio proporciona alguna forma de salvación, soteria
Esto podría sonar familiar incluso a oídos cristianos, aunque sólo sea para resaltar las diferencias. «Fe» y «salvación» en la religión votiva no implican «conversión», aunque presupongan un cambio de orientación cuando el individuo se vuelve hacia el dios. En términos de Arthur Darby Nock, estos actos de culto están dentro de la categoría de «suplementos útiles», no «sustitutos» que impliquen un rechazo consciente de lo que había antes. La religión votiva es, más bien, de carácter experimental: uno puede perfectamente probar  posibilidades para encontrar el recurso realmente eficaz. Casos particularmente graves, sobre todo, impulsarían a la gente a adoptar medios nuevos y no probados. Un individuo que lucha por conseguir una nueva oportunidad en medio del sufrimiento tiene que buscar un punto de partida nuevo: quizás un nuevo dios lo haga mejor. De esta manera, aunque la estructura general de la religión votiva sea claramente bastante antigua y esté muy extendida, presenta un incentivo para el cambio religioso. Es sabido cómo la religión del estado se desarrolló así, y hasta Roma adoptó nuevos templos y nuevos dioses". Muchos casos similares deben de haber sucedido en el nivel privado, a veces efímeros y sin consecuencias, a veces viniendo a ser lo que podemos llamar una corriente religiosa, una moda del momento, o un movimiento religioso. 
La pertinencia de todo esto para los cultos de los misterios es triple. Primero, la práctica de la iniciación personal, en motivación y función, era en gran parte paralela a la práctica votiva y debería ser considerada sobre este trasfondo como una forma nueva en una búsqueda semejante de salvación. Segundo, la aparición de nuevas formas de cultos mistéricos con dioses nuevos es sólo lo que se debería esperar como resultado de estas funciones prácticas. Tercero, la propagación de las llamadas religiones orientales mistéricas tuvo lugar en primer lugar en la forma de religión votiva, donde los misterios formaban en ocasiones sólo un apéndice al movimiento general.

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