Pierre Hadot, La filosofía como forma de vida / Sócrates era filósofo, no por enseñar en una cátedra, sino porque hablaba con sus amigos, bromeaba con ellos; iba también al ágora y, después de todo esto, tuvo una muerte ejemplar. Así pues, la práctica de la vida cotidiana de Sócrates es su verdadera filosofía ...


Arnold I. Davidson: En la Antigüedad brillaron seis escuelas de filosofía: platonismo, aristotelismo, estoicismo, cinismo, epicureísmo y escepticismo; cada una con sus ejercicios espirituales característicos. Pero también podemos diferenciar estas escuelas por la elección de una forma de vida muy particular. La elección de una forma de vida, de una actitud existencial, representa en cierta manera la especificidad de cada escuela. ¿En qué consiste una forma de vida filosófica y cuál es la relación existe entre la elección filosófica de una forma que de vida y la vida cotidiana?
La forma de vida filosófica es, simplemente, el comportamiento del filósofo en la vida cotidiana. Por ejemplo, un estoico romano de la época republicana, Quinto Mucio. Escévola, gobernador de la provincia de Asia, a diferencia de sus predecesores, pagó, por pundonor, su estancia en Asia con su propio dinero, obligó a su entorno a hacer lo mismo y puso fin a los excesos de los recaudadores de impuestos romanos. Los estoicos de la familia de los Escévola fueron además los únicos en aplicarse a sí mismos las leyes dictadas contra el lujo. En la vida cotidiana tenían una austeridad y un rigor moral que los otros no tenían. Evidentemente, aquí hablo sobre todo de una actitud moral, pero esto puede extenderse a otros dominios. Por mucho que haya, de hecho, un comportamiento característico de cada escuela. Por otro lado, habría que hacer un estudio o que nunca se ha hecho de una manera exhaustiva, que yo sepa: cómo los autores cómicos, es decir, la gente del pueblo, veían las diferentes escuelas de filosofía. Así, los platónicos eran considerados como orgullosos, y tenían -Epicteto también habla de ello- las cejas arqueadas. Los epicúreos, por su parte, tenían fama de no comer nada. A diferencia de la imagen que nos hacemos ahora del epicureísmo, eran considerados como gente que llevaba una vida muy simple. Los estoicos se veían como gente exageradamente austera. Los únicos que no se notaban eran los escépticos, porque eran conformistas. Éste es el aspecto exterior, visto por los autores cómicos.
Se comprenderá enseguida cómo la filosofía podía ser una manera de vivir, si se piensa por ejemplo en los cínicos, que no desarrollaban ninguna doctrina, que no enseñaban nada, sino que se contentaban con vivir según un cierto estilo. Todo el mundo conoce la historia de Diógenes en su tonel. Eran personas que rechazaban las convenciones de la vida cotidiana, la mentalidad habitual de la gente ordinaria. Se contentaban con muy poco, mendigaban, estaban llenos de impudor, se masturbaban en público. Su manera de vivir era un retorno a la naturaleza no civilizada. Sin llegar a este caso límite, todas las escuelas filosóficas se distinguían sobre todo por la elección de una forma de vida. La actitud filosófica de los platónicos, en la época de Platón, era característica por un triple aspecto: había una preocupación por ejercer una influencia política, pero dirigida según las normas del ideal platónico; estaba la tradición socrática, es decir, la voluntad de discutir, de presentar la enseñanza según el método de las preguntas y las respuestas y, después, estaba el intelectualismo, ya que lo esencial del platonismo era el movimiento de separación del alma y del cuerpo, el desapego del cuerpo, y también una tendencia a superar el razonamiento, y entre los platónicos del final de la Antigüedad, es decir, los neoplatónicos, la idea de que la vida tenía que ser una vida de pensamiento, una vida según el espíritu.
En la tradición aristotélica podemos decir que la forma de vida, muy característica también, es, en definitiva, la vida del sabio, una vida consagrada a los estudios, no solamente a las ciencias naturales, sino también a las matemáticas, a la astronomía, a la historia y a la geografía. Es, pues, y quizá volvamos a ello, un modo de vida que, siguiendo el término aristotélico, podemos designar como «teorético», es decir, en el cual «contemplamos» las cosas. Pero esto comporta también una participación en el pensamiento divino, el Primer Motor del universo, y también la contemplación de los astros. Encontramos aquí la noción de física como ejercicio espiritual. Lo que es asimismo muy interesante es la toma de conciencia, entre los aristotélicos, del carácter puramente desinteresado de la ciencia. Lo que es «teorético» es un estudio que no está hecho con un interés particular, con objetivos materiales.
En cuanto a los epicúreos, he hecho alusión a ellos hace un momento, su forma de vida consistía ante todo en cierta ascesis de los deseos destinada a mantener la tranquilidad de alma más perfecta. Había que limitar los propios deseos para ser feliz. Distinguían, es bien sabido, entre deseos naturales y necesarios (beber, comer, dormir), deseos naturales y no necesarios (el deseo sexual) y deseos ni naturales ni necesarios (deseos de gloria, de riqueza). Y normalmente había que contentarse con los deseos absolutamente necesarios. Excluían, al menos en principio, ya que hubo excepciones, la acción política. Se retiraban de los asuntos de la ciudad lo máximo posible. En general, la idea que se tiene de la vida epicúrea se debe primero y sobre todo a la correspondencia de Epicuro y también a los poemas de Filodemo el epicureo; se habla de comidas muy sobrias, pero entre amigos, ya que la amistad, en el epicureísmo, juega un papel muy importante. Finalmente, los epicúreos buscan gozar del simple gozo de existir. 
En cuanto a los escépticos, ya lo he dicho, son más bien conformistas porque la única regla de conducta que admitían era la obediencia a las leyes y a las costumbres de la ciudad, pero se negaban a juzgar: suspendían su juicio sobre las cosas y, por esta razón, encontraban la tranquilidad del alma.
En el fondo, ya has hecho alusión a ello, en la Antigüedad el filósofo se considera siempre un poco como Sócrates mismo: no está «en su lugar», es atopos, no podemos ponerlo en un lugar, en una clase especial, es inclasificable; por razones bastante diferentes hay una ruptura de todas las escuelas con lo cotidiano, incluso entre los escépticos, que abordan la vida cotidiana con una total indiferencia interior. Pero, al mismo tiempo, la filosofía rige la vida cotidiana, e incluso a veces da prescripciones detalladas. Así, los estoicos eran reputados por tener manuales que podríamos llamar, empleando un término del siglo XVII, «manuales de casuistas», donde se les indicaba la conducta que debían tener en todas las circunstancias de la vida; Alejandro de Afrodisia, el comentador de Aristóteles, ¡se burla de los estoicos que se preguntan si tenemos derecho a cruzar las piernas durante el curso de filosofía o si tenemos derecho a tomar mayor parte de la comida cuando almorzamos con nuestro padre! En un artículo sobre el estoicismo romano, a propósito de los Gracos, pero también a propósito del tratado Sobre los deberes de Cicerón, mi mujer mostró que había, en esta casuística, dos actitudes opuestas entre los estoicos. Por ejemplo, se planteaban la cuestión siguiente: si vendemos una casa, ¿tenemos derecho a ocultar los defectos de esta casa, o bien hay que desvelarlos? Había estoicos más bien heréticos que decían: sí, podemos ocultar los defectos; pero los ortodoxos estoicos decían: no, no tenemos derecho a hacer esto. O, incluso, estaba el caso de un negociante de granos cuyo barco lleno de trigo llega a un puerto cuando reina la hambruna: ¿dirá que llegan otras cargas detrás de él, lo que tendría por consecuencia un hundimiento de los precios? Se preveían todo tipo de comportamientos posibles en la vida cotidiana pero, como ves, el problema era siempre saber cuál sería la actitud conforme al ideal filosófico. No hay nada más opuesto al culto del provecho, que destruye poco a poco la humanidad, que esta moral estoica que exige de cada uno una lealtad, una transparencia, un desinterés absoluto.
También podemos decir que, a través de estas diferentes forma de vida, se esbozan tendencias comunes en las diferentes escuelas filosóficas; sería sobre todo el rechazo a atribuir a las cosas diferencias de valor que no expresarían más que el punto de vista parcial del individuo: desinterés e indiferencia que conducen a la paz del alma.
El problema de la vida cotidiana era bastante complejo para los filósofos antiguos. He estudiado recientemente el Manual de Epicteto y me he dado cuenta de que tanto en su Manual como en las Conversaciones que se conservan de él, Epicteto a menudo parece aconsejar actitudes contrarias. Es que los alumnos que tiene, en Nicópolis, son por lo general jóvenes ricos que emprenderán una carrera política. Pero mientras los mantiene en su escuela, intenta hacerles practicar la filosofía más estricta. Entonces les dice: no hay que perseguir a las muchachas, hay que moderar la manera de comer, etc.: todo tipo de consejos que son consejos rigoristas, por decirlo así. Y comparé esto con los novicios religiosos que están encerrados en un convento, que se forman en la vida religiosa, pero que después son enviados fuera, al mundo. También los alumnos de Epicteto volverán a partir, y Epicteto prevé lo que harán cuando vuelvan a sus casas. Entonces les da consejos sobre la manera de participar en los banquetes, de asistir a los espectáculos e incluso de llevar su vida política. Es el problema del filósofo que, teóricamente, debería separarse del mundo, pero que de hecho ha de volver a él y llevar la vida cotidiana de los demás. Sócrates siempre fue el modelo en este terreno; pienso en un bello texto de Plutarco que dice justamente: Sócrates era filósofo, no por enseñar en una cátedra, sino porque hablaba con sus amigos, bromeaba con ellos; iba también al ágora y, después de todo esto, tuvo una muerte ejemplar. Así pues, la práctica de la vida cotidiana de Sócrates es su verdadera filosofía.

Comentarios