Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética / El hombre, a través de la magia, ha aprendido el modo de emplear la cadena que vincula la tierra con el cielo, y por medio de la cábala, a servirse de otra más elevada que relaciona, a través de los ángeles, el mundo celestial con el Nombre divino ...
El cosmos, o cuadro cósmico, en cuyo ámbito opera un mago tal como Agrippa, no es distinto, en sus líneas esenciales, al típico de la Edad Media. La tierra ipmóvil sigue ocupando el núcleo central y fundamental, circundado por las esferas de los otros tres elementos (agua, aire y fuego). A continuación se hallan las esferas de los planetas según el orden caldeo o tolemaico, con el sol en el centro, y por encima de ellas aparecen, en este orden, la esfera de las estrellas fijas y la esfera divina con los ángeles. Coronando todo el edificio, Dios. No existe nada extraño en este esquema; antes bien, encaja a la perfección con el orden cosmológico establecido desde mucho tiempo atrás. El único cambio surgido es la posición del hombre dentro de este contexto, que ha dejado definitivamente de ser el piadoso espectador de las maravillas de la creación divina para convertirse en un elemento activo y operante que intenta hacer suyo el poder existente en los órdenes divino y natural. En este sentido, tal vez sea útil observar una ilustración (Lám. 10) extraída de una de las obras de Fludd que, aun siendo bastante posterior a Agrippa, no deja de insertarse en la misma tradición. Sobre la tierra, situada en una posición central, está sentado un mono, alrededor del cual se extiende el mundo elemental, y que aparece atado por medio de una cadena a una mujer que representa el sol, la luna, las estrellas, el mundo celeste y las esferas de los planetas y del zodíaco que van girando a su alrededor. Por encima de la esfera del zodíaco -o esfera de las estrellas fijas- se hallan representadas tres esferas pobladas por minúsculas formas angélicas. Una cadena, que parte de la mano derecha de la mujer, se extiende hasta alcanzar a la propia divinidad, representada, en un espacio situado por encima de las esferas angélicas, por el Nombre en hebreo, circundado de nubes triunfales. El mono es el hombre, o tal vez el arte por medio del cual imita a la naturaleza con mimetismo simiesco. El hombre, a pesar de que en esta simbología parece haber perdido parte de su dignidad, ha conseguido en cambio un mayor poder, ya que se ha convertido en un hábil mono de la naturaleza, que ha conseguido poner de manifiesto el modo en que tienen lugar sus acciones y ha aprendido a adueñarse de sus poderes. Para emplear una terminología que nos es familiar, podemos decir en este punto que el hombre, a través de la magia, ha aprendido el modo de emplear la cadena que vincula la tierra con el cielo, y por medio de la cábala, a servirse de otra más elevada que relaciona, a través de los ángeles, el mundo celestial con el Nombre divino.
Un interesante ejemplo de magia aplicada, u operativa, lo constituye la Steganographia de Johannes Trithemius, abad de Sponheim, impreso en 1606, pero conocido previamente en forma de manuscrito. Trithemius fue amigo y profesor de Agrippa, y conocía la obra de Reuchlin. La Steganographia pretende ser, y tal vez en cierta medida lo consigue, una criptografía, un método de escritura cifrada. Sin embargo, también es una obra de magia angélica de tipo cabalístico. El primer libro trata sobre la forma de invocar a los ángeles de los distritos, es decir, los ángeles que controlan las diferentes partes de la tierra; el segundo trata de los ángeles del tiempo, los que regulan las horas del día y de la noche; el tercero trata de los siete ángeles, superiores a los que hemos nombrado anteriormente, que ejercen su control sobre los siete planetas. Trithemius intenta servirse de toda la red angélica que acabamos de describir con la finalidad, absolutamente práctica, de transmitir mensajes a individuos lejanos por medio de la telepatía, y también parece que pretenda obtener, a través de tales procedimientos, el conocimiento "de todo cuanto acontece en el mundo". El aspecto técnico de esta ciencia es extremadamente complejo, y es expuesto a través de páginas y páginas de elaborados cálculos, ya sean de tipo astronómico ya sean sobre los valores numéricos de los nombres de los ángeles.
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