Jan N. Bremmer, El concepto de alma en la antigua Grecia / Los eruditos de las distintas creencias relacionadas con el alma han hecho un uso extensivo de los hallazgos de la psicología moderna con el fin de identificar las experiencias que moldearon las primeras ideas del hombre sobre sí mismo ...

Existe aún otro problema al que debemos enfrentarnos. Los eruditos de las distintas creencias relacionadas con el alma han hecho un uso extensivo de los hallazgos de la psicología moderna con el fin de identificar las experiencias que moldearon las primeras ideas del hombre sobre sí mismo. Sin embargo, las experiencias no son acontecimientos que tengan lugar en medio de un vacío histórico, y nosotros recordamos e interpretamos nuestra experiencia con la ayuda de estereotipos propios de la sociedad particular en la que vivimos. Nuestra propia experiencia puede ser, por tanto, muy diferente de la del hombre primitivo. Aunque es difícil reconstruir estas experiencias primitivas, a menudo podemos rastrear el desarrollo de distintos conceptos por medio del estudio de la etimología de las palabras que son objeto de nuestra investigación, por ejemplo
psiqué. En ese caso, sin embargo, tendremos cuidado de introducir en nuestros textos las etimologías que conocemos. El hecho de que el término psiqué estuviera una vez relacionado con la respiración no significa necesariamente que éste sea su significado en Homero. Nuestro punto de partida debe ser siempre la asunción de que el significado de una palabra sólo puede derivarse de su utilización en el lenguaje. 
Los clasicistas parecen encontrarse en una posición más favorable que muchos de los estudiantes de antropología social. Entre éstos y sus fuentes no existe la figura de un informador que tiene sus propios intereses y opiniones en el asunto, o que es demasiado joven para conocer en profundidad la tradición de un pueblo. Los clasicistas tampoco dependen de los datos de uno o dos informes, como es el caso de estudiosos de las creencias del alma en Norteamérica o el norte de Eurasia. Los estudiantes de la época clásica pueden analizar la materia de su estudio directamente de los textos y monumentos, y deducir así un significado a partir del contexto de una palabra o por comparación con representaciones o textos similares. 
No obstante, los clasicistas deben también resolver dificultades que brotan de la naturaleza de las fuentes. Las ruinas y los informes arqueológicos no son siempre tan reveladores como cabría desear. Los autores antiguos tienen sus predilecciones particulares y no siempre aportan información sobre sus creencias en torno al alma. A menudo, debemos entresacada de registros en los cuales dicha información aparece sólo de forma incidental. Algunas veces, un concepto o un rito del periodo que se investiga sólo puede compararse con el que aparece en un documento posterior, y tales ejemplos tardíos, aunque elevan el grado de probabilidad de una interpretación, no pueden confirmarla de forma absoluta. En algunos casos, debemos comparar un tema con ritos o conceptos de otras culturas; una comparación que, de nuevo, no puede constituir una prueba absoluta, aunque sí establecer cierto grado de probabilidad, dependiendo del número y de la naturaleza de los paralelismos encontrados. 
La investigación moderna en torno a la idea del alma en la antigua Grecia comenzó en 1894, cuando Erwin Rohde, el amigo de Nietzsche, publicó su libro Psiqué, una obra de extraordinaria erudición, y tan bien escrita que pronto se convertiría en un clásico. Rohde poseía un profundo conocimiento del mundo griego antiguo y desarrolló sus puntos de vista en diálogo con estudios de antropología y folclore contemporáneos. La teoría animista vigente, según la cual el hombre primitivo había concebido la idea de que el alma es un doble del hombre tras darse cuenta éste de que podía viajar en sueños, le había impresionado mucho. Rohde intentó armonizar este punto de vista con el texto homérico, y al no poder encontrar un solo ejemplo del alma como doble en Homero, dirigió su atención hacia un fragmento de Píndaro: 
Felices todos, partícipes de misterios solazadores. 
El cuerpo que cada uno se une al séquito de la muerte poderosa, y después aún queda una imagen viva de nuestra vida, pues ésta es lo único que procede de los dioses. Esa imagen duerme cuando actúan los miembros; sin embargo, mientras dormimos, con frecuencia en los sueños nos muestra la decisión futura sobre los placeres y sobre los sufrimientos. 
Este fragmento ilustra a la perfección la teoría de que en sueños el alma actúa como un doble, pero Rohde no se molesta en explicar por qué esta actividad no se produce en Homero, del mismo modo que tampoco creyó necesario continuar su análisis sobre los términos utilizados para designar al «alma
». Igual que la gran mayoría de sus contemporáneos, Rohde estaba interesado exclusivamente en el destino del alma, y no supo apreciar la variedad y riqueza de la terminología homérica. Su interpretación fue recibida con entusiasmo por unos y rechazada en silencio por otros, en particular por el especialista de la Antigüedad más importante de su tiempo, Wilamowitz, si bien se convertiría en el punto de referencia de cualquier discusión subsiguiente sobre el tema. Estas discusiones no significaron ningún avance sustancial hacia una escatología del alma, pero establecieron claramente la diferencia entre el alma de los vivos y los muertos, y tomaron en consideración la etimología de las distintas palabras estudiadas; es más, fu e a través de estas discusiones como llegaron a nosotros los primeros conocimientos de la psicología del alma homérica, unos conocimientos que culminarían en la exposición de Snell, según la cual los griegos no poseían aún un concepto unitario del cuerpo y la mente. El análisis de Snell ha sido mejorado, corregido y aumentado, pero no ha sido refutado por ningún erudito. No obstante, todavía no contamos con un modelo de estudio sistemático que reúna todos los elementos e informes existentes sobre los factores que determinan nombres para las distintas partes de lo que normalmente asociamos al alma. 
Este plan integral fue acometido por primera vez por el sueco experto en sánscrito Ernst Arbman, en un análisis sobre el alma védica en India. Arbman descubrió que el concepto de alma (âtman, purusa) se encontraba precedido por una dualidad en la cual los atributos escatológicos y psicológicos del alma todavía no habían hecho su aparición, llegando a la misma conclusión en los casos de la Escandinavia cristiana y de la Grecia clásica. Tras estas grandes culturas, Arbman prosiguió su análisis con las «primitivas», donde encontró la misma dualidad, si bien su presencia se había visto oscurecida a menudo por el concepto de alma que sostenían los propios investigadores de campo. 
En su análisis, Arbman distinguía entre almas corporales que dotaban al cuerpo de vida y consciencia y el alma libre, un alma libre de trabas que representaba la personalidad individual. El alma libre se mantiene activa durante los periodos de inconsciencia y pasiva en la consciencia, cuando el individuo consciente la reemplaza. Las almas del cuerpo se mantienen activas durante la vida despierta del individuo vivo. En contraste con el alma libre, el alma corporal se divide a menudo en varias partes. Esta división se produce normalmente en dos categorías: la primera es el alma libre, a menudo identificada con la respiración, el principio de la vida, y la segunda es el alma del ego. El alma corporal, o varias de sus partes, representa el yo interior del individuo. En el primer estadio del desarrollo de la creencia del alma védica el alma libre y las almas corporales no constituían aún una unidad; más tarde, el concepto vé dico del alma libre, atman, incorporó los atributos psicológicos de las almas corporales, un proceso que se produjo en cierto número de pueblos. 
Los puntos de vista de Arbman han sido elaborados por sus discípulos en dos grandes monográficos sobre la idea del alma en Norteamérica y el norte de Eurasia; dichos puntos de vista fueron confirmados por estudios de otros eruditos y aceptados por la gran mayoría de los antropólogos. Parece razonable, por tanto, adoptar su método de análisis de la idea del alma griega para establecer su valor en el estudio del alma griega antigua. Este análisis comparativo comenzará con la tradición épica –la primera y más rica de nuestras fuentes de información, y que tanto influiría en ideas posteriores– para a continuación estudiar material del periodo que va hasta 400 a. C., en el que están presentes algunos aspectos de la idea griega del alma que no se encuentran en Homero. De este modo, veremos el cuadro más completo posible de la idea del alma griega antes de que ésta se convirtiera en tema de reflexión sistemática para Platón y otros filósofos. Arbman se concentró especialmente en el alma de los vivos, aunque sus discípulos también prestaron atención (si bien de forma mucho más limitada) al alma de los muertos, de los animales ¡y de las plantas! Estos aspectos del concepto griego del alma serán comparados con los descubrimientos de los discípulos de Arbman para enriquecer nuestra comprensión sobre el tema. 
El análisis de Arbman tiene a la fuerza cierto carácter ideal. Las fuentes de información son de distinta procedencia, y sencillamente no podemos saber si todos los aspectos de la idea del alma griega o de un rito particular se repiten a lo largo de todo el periodo que se estudia o de todo el territorio griego. Es posible que, debido a la naturaleza fragmentaria de nuestras fuentes, algunas variantes locales o determinados desarrollos de la idea se nos escapen. Por otro lado, ya que en su mayoría aquéllas proceden de las clases altas de la sociedad griega, existe la posibilidad de que las ideas en ellas expresadas no fueran compartidas por las clases más bajas. Las fuentes no nos permiten hacer distinciones en este respecto. 
Hemos organizado nuestro material siguiendo, en la medida de lo posible, las categorías establecidas por Arbman y sus discípulos, para, a continuación, comparar los resultados con los conceptos que el mismo Arbman describió en detalle sobre cada punto. Por norma general, el material no será objeto de un análisis exhaustivo y se estudiará sólo en la medida en que sea de interés para una mejor comprensión de la idea griega del alma; y, en ese sentido, los textos citados se ofrecen como ejemplos. El análisis podrá parecer un tanto dogmático, ya que sólo un pequeño número de ejemplos sirve para ilustrar cada caso particular; sin embargo, y para permitir al lector profundizar más en el material disponible, cada término estudiado se acompañará de una extensa bibliografía. 
Este estudio, por tanto, utiliza el modelo de la idea «primitiva» del alma que distingue entre un alma libre que representa la individualidad de una persona y las almas del cuerpo que dotan a una persona de vida y consciencia. Ajustándonos a este modelo, en nuestro próximo capítulo identificaremos la psiqué con el alma libre, y términos relacionados con la vida interior del hombre, como thymôs, noos, y menos, con las almas del cuerpo. Si bien el concepto de psique se desarrolló incorporándose al de la unitaria alma moderna, es posible rastrear su carácter «primitivo» en las tradiciones denominadas chamanísticas y en las primeras descripciones de los sueños. La investigación sobre terminología que se ofrece en el último capítulo demostrará que para los griegos, igual que para muchos otros pueblos, el alma libre de los vivos encontraba su continuación en el alma de los muertos, aunque también se creía en otras manifestaciones de los difuntos. No existía una representación uniforme de los muertos en la vida ultraterrena, ni todos tenían el mismo status. La posible existencia de un alma en las plantas y en los animales será analizada en un apéndice, y un segundo apéndice tratará el tema del alma errante en los cuentos populares de Europa occidental. 
Por último, y debido a que las fuentes son fragmentarias y difíciles de interpretar, existe la posibilidad de que algunos lectores extraigan conclusiones diferentes a partir del material aquí analizado. Sea como fuere, confio en que esta arqueología de la antropología griega sirva como nuevo punto de partida para el análisis del concepto del alma en la antigua Grecia.

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