Paracelso, Textos esenciales / Sabiduría es que uno sepa y no presuma, que entienda todas las cosas y las use con racionalidad y su razón y sabiduría sea sin necedad, sin demencia, sin error y sin duda ...
Hay dos sabidurías en este mundo: una eterna y una perecedera. La eterna brota directamente de la luz del Espíritu Santo, la otra directamente de la luz de la Naturaleza. La que viene de la luz del Espíritu Santo es de una única clase; es la sabiduría recta y sin mácula. Pero la de la luz de la Naturaleza es de una clase doble: la sabiduría buena y la mala. La buena está adherida a lo eterno, la mala a la condenación... ¿No es un elevado bien del hombre poder distinguir la sabiduría eterna de la temporal y entender que comparado con lo eterno lo mortal carece de valor? Este tesoro le ha sido concedido como imagen de Dios, y por eso debe seguir intentando ser como ese modelo y debe saber distinguir entre la buena y la mala sabiduría perecedera, para poder averiguar lo que es bueno: primero la sabiduría eterna, y sólo entonces la perecedera. Y conservar de esta otra la buena, y desechar sólo la mala. Porque la sabiduría no te obliga, sólo tú te obligas a ti mismo.
Manos y pies no son aún un hombre, sólo la sabiduría de la Naturaleza y las capacidades por ella otorgadas le convierten en él. Por eso el hombre no debe volverse a lo que de mortal hay en su cuerpo; porque todo eso es animal. Sólo debe prestar atención en su cuerpo a lo que es invisible e inaprensible: la luz de la Naturaleza, la sabiduría natural que Dios ha inculcado al astro y que pasa de éste al hombre. La razón natural y la sabiduría eterna van juntas. La razón natural puede existir también sin la sabiduría eterna, cuando se orienta a lo pagano y no atiende a lo eterno. Pero la razón eterna no puede ser sin la sabiduría natural, porque el hombre tiene que conocer lo eterno a partir de lo natural. Por eso al hombre que vive en Dios le han sido dadas ambas, como orientación para todas las cosas.
A todos nosotros nos corresponde una herencia: la sabiduría. Todos la heredamos por igual. Pero el uno prospera con su herencia, el otro no; el uno la entierra, la deja allí y se marcha, al otro le reporta beneficio... al uno mucho, al otro poco. Según invirtamos, usemos y administremos la herencia, tendremos mucho o poco de ella; y sin embargo es nuestra propiedad común y está en todos nosotros.
Dios conoce todo trabajo que actúa a partir de Su sabiduría conforme a la índole que le es propia. Mucho trabajo da gran conocimiento. Y cada uno de esos trabajos está sujeto al amor de Dios; aquel a quien se lo revela lo posee.
La luz de la Naturaleza habla: la sabiduría no tiene otro enemigo que aquel que no es sabio. Así que la sabiduría no tiene otro enemigo que la mentira, y aquel que enseña y escribe basándose en Dios no tiene otro enemigo que el que no se basa en Dios. Sabiduría es que uno sepa y no presuma, que entienda todas las cosas y las use con racionalidad y su razón y sabiduría sea sin necedad, sin demencia, sin error y sin duda. El camino recto, el motivo recto, el entendimiento recto y el recto criterio y ponderación dan a cada cosa su peso... porque por el conocimiento se rigen, conducen y llegan a su perfección todas las cosas.
Quien nada sabe nada ama. Quien nada sabe nada entiende. Quien no es bueno para nada no sirve para nada. Pero quien entiende, quien ama, quien nota, quien ve... Cuanto más conocimiento haya en una cosa, tanto mayor el amor... Todo estriba en el conocimiento. De él viene todo fruto. El conocimiento proporciona Fe; porque quien conoce a Dios cree en El. Quien no le conoce, no cree en Él. Cada cual cree en aquello que conoce.
Quien hereda la sabiduría de Dios, camina sobre las aguas sin mojarse el pie; porque en el arte recto heredado de Dios el hombre es igual a un ángel. ¿Qué moja pues al ángel? Nada. Como tampoco al hombre sabio. Dios es poderoso, y quiere que su poder se manifieste en las sabidurías y artes, tanto de los hombres como de los ángeles. Quiere que en el mundo y en la tierra las cosas no sean distintas que en el cielo. No en la castidad, porque acerca de eso decide el cuerpo, ni en el ayuno, porque también esto se ha impuesto al cuerpo, ni en las obras, porque corresponden al cuerpo, sino en la sabiduría y en las artes... ¿Cómo puede alguien ser un loco conforme a la voluntad de Dios? No puede. ¿Cómo puede alguien ser indocto según la voluntad de Dios? No puede. ¿Cómo puede ser alguien ignorante según Su voluntad? Imposible. Todo esto va contra la voluntad de Dios, pues Él no nos quiere como locos necios, inexpertos, ignorantes, sin instrucción, sino despiertos al saber en todas las grandes cosas de Su Creación, que Él nos ha regalado para que el Demonio sepa que somos de Dios e iguales a los ángeles.
Debéis saber que nada nuestro llegaría hasta Dios si no hubiera en nosotros un ángel que llevara al cielo nuestro interior mensaje. Ni llegaría a nosotros nada de Dios sin semejante mediador, que es más rápido que todos nuestros pensamientos... Antes de que nos llegue una idea al pensamiento, ya ha estado ante Dios y ha vuelto con nosotros. Lo que Dios quiere, deja que ocurra en nosotros a través del espíritu que debe culminar Su obra en nosotros... El destino del alma es fungir como ángel, y el del hombre usar de su ángel; porque el ángel no es sino la parte inmortal del hombre.
¿Qué pueden hacer los ángeles? Todas las cosas. Porque en ellos está toda la sabiduría de Dios y todo Su arte... Los ángeles son limpios y puros, sin sombra de sueño, en eterna vigilia. El cuerpo del hombre está atrapado por el sueño, y por eso ha de ser despertado para que alcance la sabiduría del ángel, es decir la sabiduría y el arte de Dios... Porque Dios ha insuflado su poder a las plantas, lo ha puesto en las piedras, lo ha escondido en las semillas; de éstas hemos de tomarlo, en ellas debemos buscarlo. Los ángeles están por sí mismos en posesión de la verdad; pero el hombre no. Para él está en la Naturaleza, en ella tiene que buscarla. La Naturaleza oculta su cosecha. A través de la Naturaleza se le abre al hombre su poder, a través de ella asume la herencia de su Padre en la sabiduría y en las artes. Tal como sea el ánimo del hombre, así será su virtud. Donde está su corazón está su tesoro. Si está al lado de Dios, Dios será su amparo, y Él le atraerá hacia sí. Pero si su postura es ambigua, así será su obra. Porque según sea el hombre, así serán sus virtudes y potencias. Igual que la verdad de Dios no se puede dividir o mezclar, tampoco la fidelidad. Estas cosas no son divisibles, como tampoco el amor; porque fidelidad y amor son una misma cosa... Allá donde uno sólo aprende en aras del brillo, del esplendor exterior, y se satura de mera charlatanería, de títulos superficiales, allá se pierde la suprema fidelidad. Semejante acción es infiel y está más allá del amor.
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