Orígenes, Homilías sobre el Cantar de los cantares / Dice el esposo a la esposa con cierta gravedad conminatoria, tratando de animarla para que se aplique al conocimiento de sí misma ....


Si no te conoces, tú, buena (o bella) entre las mujeres, sigue las huellas de los rebaños, y apacienta tus cabritos entre las tiendas de los pastores (Cantar de los cantares 1, 8). 
1. De uno de los siete que la fama celebra entre los griegos como señeros en sabiduría, se ha transmitido, junto con otras, esta admirable sentencia: Entérate de ti mismo o conócete
2. Sin embargo, Salomón, que ya en nuestro prólogo mostramos que había precedido a todos ellos en tiempo, en sabiduría y en conocimiento de las cosas, dice lo mismo hablando al alma como a una mujer y con cierto tono amenazador: Si no te conoces a ti misma, oh bella entre las mujeres; si no reconoces que las causas de tu belleza están en el hecho de haber sido creada a imagen de Dios, por lo cual hay en ti tanto esplendor natural; y si no sabes lo bella que eras desde el principio, por más que ahora aventajes ya a las demás mujeres y entre ellas seas la única en ser llamada bella, con todo, si no te conoces a ti misma, quién eres, pues yo no quiero que tu belleza parezca buena por comparación con las menos bellas, sino que haya en ti correspondencia contigo misma y te pongas al nivel de tu propia dignidad; si no haces todo esto, yo te ordeno que salgas y camines sobre las últimas huellas de los rebaños, y que no apacientes ya ovejas ni corderos, sino cabritos, es decir, aquellos que por su depravación y su lascivia estarán a la izquierda del rey que preside en el juicio. 
3. Y cuando te haya introducido en mi regia cámara del tesoro y te haya mostrado cuáles son los bienes supremos, si no te conoces a ti misma, te mostraré también cuáles son los supremos males, para que de unos y de otros saques provecho, tanto por miedo a los males como por deseo de los bienes. Efectivamente, si no te conoces a ti misma y vives ignorándote y sin aplicarte con ardor al conocimiento, es bien seguro que no tendrás tienda propia, sino que andarás merodeando por las tiendas de los pastores, y entonces, entre las tiendas de éste o de aquel pastor, apacentarás los cabritos, animal inquieto y errátil, carne de pecado. 
4. Ahora bien, esto lo sufrirás hasta que por la fuerza de las cosas y por experiencia propia comprendas lo malo que es para el alma no conocerse a sí misma y su propia belleza, por la que aventaja a las demás, no a las vírgenes, sino a las mujeres, es decir, a las que han padecido la corrupción y no permanecieron en la integridad de su virginidad. 
5. Esto es lo que, después de todo cuanto había hablado la esposa y siguiendo el plan del drama, dice el esposo a la esposa con cierta gravedad conminatoria, tratando de animarla para que se aplique al conocimiento de sí misma.

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