Frances A. Yates, El arte de la memoria / Aristóteles distingue la memoria de la reminiscencia o recordación. Recordación es la recuperación de un conocimiento o sensación habidos anteriormente. Es el esfuerzo deliberado por hacerse camino entre los contenidos de la memoria, a la caza del contenido que se intenta recordar ...


Para la Escolástica y para la tradición de la memoria que la sucedió había un punto de contacto entre la teoría mnemónica y la teoría aristotélica del conocimiento en la importancia que ambas asignaban a la imaginación. Las afirmaciones de Aristóteles acerca de la imposibilidad de pensar sin un diseño mental son continuamente alegadas para sostener el empleo de las imágenes de la mnemónica. Y el propio Aristóteles se vale de las imágenes de la mnemónica pa ra ilustrar lo que dice a propósito de imaginación y pensamiento. Pensar, dice, es algo que podemos hacer siempre que deseemos, «pues es posible poner cosas ante nuestros ojos como hacen aquellos que inventan mnemónicas y construyen imágenes». Compara la deliberada selección de imágenes mentales sobre las que pensar con la deliberada construcción de imágenes mediante las que se recuerda en la mnemónica.
De memoria et reminiscentia es un apéndice de De anima y comienza con una cita de esta obra: «Como antes se ha dicho en mi tratado Sobre el alma a propósito de la imaginación, es imposible pensar sin un diseño mental». La memoria, prosigue, pertenece a la misma parte del alma que la imaginación; es un archivo de diseños mentales, procedentes de las impresiones sensoriales con la añadidura del elemento temporal, pues las imágenes mentales de la memoria no arrancan de la percepción de las cosas presentes sino de las pasadas. En cuanto que la memoria forma, de este modo, parte de la impresión sensorial, no es privativa del hombre; también algunos animales pueden recordar. Por su lado la facultad intelectual entra en acción en la memoria, pues es en ella donde el pensamiento opera sobre las imágenes almacenadas procedentes de la percepción sensorial.
Se hace asemejar el diseño mental, procedente de la impresión sensorial, a una suerte de retrato pictórico, «cuyo más duradero estado describimos como memoria», y se considera la formación de la imagen mental como un movimiento, como el movimiento de hacer un grabado en cera con una sortija de sello. Es de la edad y el temperamento de la persona de lo que depende el que la impresión perdure largo tiempo en la memoria o se borre pronto.
Algunos hombres en presencia de considerables estímulos no tienen memoria a causa de enfermedad o por la edad, como si un estímulo o un sello se imprimiese en agua fluyente. El trazo no les produce impresión alguna por estar gastados como viejos muros de edificios, o por la dureza frente a la recepción de la impresión. Por esta razón tanto los muy jóvenes como los muy viejos tienen pobres memorias; se encuentran en estado fluido, el joven por su crecimiento, el viejo por su declinación. Por la misma razón ni el muy rápido ni el muy lento parece que tengan buenas memorias; los primeros son más blandos de lo que debieran, y los segundos, más duros; en el primero el diseño no permanece, en el segundo no produce impresión.
Aristóteles distingue la memoria de la reminiscencia o recordación. Recordación es la recuperación de un conocimiento o sensación habidos anteriormente. Es el esfuerzo deliberado por hacerse camino entre los contenidos de la memoria, a la caza del contenido que se intenta recordar. En este esfuerzo, Aristóteles subraya dos principios, conectados entre sí. Se trata de los principios de lo que nosotros llamamos asociación, si bien él no emplea este término, y orden. Comenzando por «algo similar, o contrario, o íntimamente conectado» con lo que buscamos, llegaremos a ello. Se ha descrito este pasaje como la primera formulación de las leyes de la asociación por similaridad, disimilaridad y contigüidad. Debemos asimismo intentar recuperar el orden de los acontecimientos o las impresiones que nos puedan guiar al objeto de nuestras pesquisas, pues los movimientos de la recordación siguen el mismo orden que los acontecimientos originales; y las cosas que resulta más fácil recordar son aquellas que tienen un orden, como las proposiciones matemáticas. Pero necesitamos un punto de partida para iniciar el esfuerzo de la recordación.

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